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Doc, ¿en el futuro votaremos a Trump o algo parecido?

Si Donald Trump se hubiese presentado a las Elecciones hace dos o tres décadas, con el mensaje actual, sus resultados habrían sido probablemente peores que los de Barry Goldwater. Y no lo digo por el hecho de que su idea de libertad consista en insultar gratuitamente a minorías étnicas. En esta ocasión, me refiero a su posición en materia ambiental.

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El cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América niega el cambio climático y pretende abandonar el Acuerdo de París. De hecho, no solía molestarse en plantearlo en forma de duda. Durante su campaña, prefirió tener minutos gratis en la televisión y promoción masiva en Twitter a base de sonar tan ridículo como sea posible:

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Filtradas las próximas medidas del Ministerio de Educación

Últimamente he hecho cosas de escasa importancia, tales como participar en el Congreso Nacional del Medio Ambiente o encomendar una peligrosa misión de infiltración a un veterano de guerra…

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…al que no podíamos pagar, de modo que pedimos al becario que hiciera lo mismo. También sustituimos el códec por Whatsapp, que es más barato.

Nuestro hombre, cuyo nombre no puedo revelar pues ello implicaría someter su vida a un terrible riesgo, se llama Jacobo. Sus armas: una pistola de juguete y un paquete de cigarrillos. Su misión: infiltrarse en el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Su objetivo: acceder al anteproyecto de ley que afectará al futuro de la investigación y de la docencia en la comunidad universitaria española.

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Pese a que tampoco pudimos justificar una partida de ropa de camuflaje, Jacobo tuvo éxito en su cometido.

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El tamaño adecuado es el que vayas a usar

Por supuesto, una economía ambientalmente sostenible requiere regulaciones para que las consecuencias de la escasez de un recurso o de la acumulación de un contaminante no percutan demasiado tarde. Como concluí hace un par de años, la tecnología y el mercado por sí solos reaccionan a los problemas ambientales con un desfase temporal (escasez, aumento de coste, reasignación económica, solución técnica). El objeto de las regulaciones económicas en materia ambiental es anticiparse.

Ahora bien: no es buena cualquier política de incentivación o desincentivación por el mero hecho de tener el fin noble de evitar la contaminación o la escasez de recursos. A veces, la política ambiental acaba consiguiendo el efecto contrario al perseguido.

Ya vimos en el caso del diésel el error de la Unión Europea al favorecer, con su política de límites de emisión, los vehículos con motor diésel. El inusual triunfo de estos coches en Europa, y particularmente en España, pasa factura. Los madrileños siguen sufriendo problemas de smog a pesar de las restricciones al tráfico. Si no me creen a mí, pueden echar un vistazo a este artículo de Pablo León en El País:

Aunque la combustión del carbón, del petróleo o del gas natural genera óxidos de nitrógeno, el foco principal de este contaminante en ciudades son los motores diésel. Si bien son más eficientes energéticamente hablando —de ahí que en los noventa fueran promocionados a bombo y platillo—, generan emisiones muy altas. A pesar de ello, son mayoritarios. En la Comunidad de Madrid los diésel representan el 58% del parque móvil, según datos de la Dirección General de Tráfico. El 63% de los turismos matriculados en lo que va de 2016 son de gasoil.

Un ámbito muy distinto donde ha sucedido algo muy similar, afortunadamente mucho más fácil de remediar, es el de los envases en la industria alimentaria.

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Los 38 del No

Una guerra nuclear no puede ser ganada y nunca debe ser luchada. La única utilidad de que nuestras dos naciones posean armas nucleares es asegurar que ninguna las usará contra la otra. Pero, entonces… ¿no sería mejor deshacerse de ellas completamente?

Esto no lo dijo Ralph Nader. No lo dijo Noam Chomsky. Esto lo dijo Ronald Reagan en 1984. Y, por si no quedaba claro, también esto:

Buscamos la eliminación total de las armas nucleares sobre la faz de la Tierra.

Quiero creer que lo dijo con sinceridad, aunque Reagan demostró tras ganar las Elecciones que no era tan mal actor como muchos pensaban.

Pero fue hace mucho y las cosas han cambiado, ¿verdad? Ahora, el terrible Kim Jong Un lidera una potencia a cuyo lado la Unión Soviética parece San Marino. Por fortuna, el valiente presidente Obama, este mismo año, no se achantó e insistió en hacer méritos para que algún día le den el Premio Nobel de la Paz y… Oh, wait.

En aquellas naciones, como la mía, que poseen arsenales nucleares, debemos tener valor para escapar la lógica del miedo y perseguir un mundo sin ellos.

Barack Obama en Hiroshima, estrechando la mano del primer ministro japonés, Shinzo Abe.

Con discursos tan bellos y sensatos al mismo tiempo, ¿qué más se puede pedir al gobierno federal estadounidense? Bueno, algún detallito, algún bonito gesto de vez en cuando… no estaría mal. Por ejemplo, no votar NO cuando se somete a sufragio la cuestión de un tratado internacional para prohibir las armas nucleares.

Imagino que eso era pedir demasiado.

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Singer, la tauromaquia y los huevos

Una de las tendencias de Twitter en España el 27 de agosto de 2016 ha sido #TuiteaComoUnTaurino. Los participantes han usado ese hashtag para ironizar con los argumentos, a menudo falaces, que frecuentemente esgrimen los partidarios de la tauromaquia. Uno de ellos puede formularse, entre múltiples corolarios: «Si no eres vegano, no te puedes quejar».

 

 

 

La ironía parece cumplir el fin de reducción al absurdo, pero no hay tal reducción. El argumento efectivamente puede encontrarse en serio y en sentido literal, pero minoritariamente en boca de taurinos.

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¿Levantarnos del sofá?

En su último viaje a Polonia, Francisco I dejó un mensaje interesante, excelente y, a mi juicio, ambiguo. Ha dicho que no hemos venido a la vida para pasarla en el sofá; al contrario, debemos intentar dejar nuestra huella, ser activistas y pensadores, conseguir un mundo mejor y una economía basada en la solidaridad.

Lo cierto es que suscribo las palabras del Papa, aunque yo mismo confieso que encuentro el atractivo de la comodidad. Es digno de elogio hacer proselitismo de la implicación con este mundo, con esta casa común, como yo mismo he hecho en otras entradas. Sí, levantarse e implicarse, de una forma u otra, con las generaciones futuras, con el medio ambiente y con las personas que en la actualidad pasan por una situación de exclusión social.

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El cuidado de la casa común

Aproveché la coyuntura de mi último viaje en AVE para leer la nueva carta encíclica papal: Laudato Si (descárguese o léase aquí). En internet podemos encontrar numerosos artículos que la resumen en diez, quince o veinte frases, o bien en alguna reseña inevitablemente marcada por el sesgo ideológico de quien la escribe; por ejemplo, la que está usted leyendo ahora. Yo recomiendo leer el texto, de 192 páginas, íntegro. No es prolijo, lo aseguro.
Casi al principio de la encíclica, Francisco I aclara quién es el destinatario de este texto: Cada persona que habita este planeta. En efecto, leerla completamente permite comprobar que es así. Es así porque el Papa es uno de los intelectuales más influyentes del mundo. Y porque Laudato Si no versa (apenas) sobre la Iglesia, sino sobre el planeta (“casa común”), el hombre y la vida.
Tras exponer brevemente el objeto, el autor hace ver que ya desde Pablo VI ha manifestado El Vaticano su preocupación por el desarrollo humano y su influencia sobre el ambiente. Francisco I sitúa sus antecedentes en esos pontífices, en el Patriarca Bartolomé y en nada menos que el misionero Francisco de Asís. Ello no significa, en modo alguno, que esta encíclica esté exenta de originalidad. Nunca la ICAR se había pronunciado tan explícita y contundentemente a favor de la protección del planeta, con las consecuencias que ello implica sobre el estilo de vida de todos y cada uno de sus habitantes.
Para comentar la carta, extraigo algunas frases destacables, pero no por ello fáciles de seleccionar. Insisto en que la lectura de unos pocos extractos aislados no sustituye la lectura del texto.

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La industria de la duda

La duda es nuestro producto, ya que es la mejor manera de competir con el conjunto de hechos que existen en la mente del público. También es el medio de establecer una controversia.

(La traducción es mía.) Esta cita forma parte de una propuesta para la compañía de tabacos Brown and Williamson, en 1969. Los autores eran JVB (probablemente J.V. Blalock, director de Relaciones Públicas) y CM (probablemente C. Muije, mencionado en el texto). Los objetivos de la compañía en ese momento vienen recogidos en unas instrucciones de J.W. Burgard, entonces vicepresidente de Ventas de Brown and Williamson, al supervisor de márketing R.A. Pittman. En ese documento de agosto de 1969, recogido en The Cigarrette Papers, Burgard le encomienda emprender una campaña contra las publicaciones que relacionaban el tabaco con el cáncer de pulmón. Una confrontación directa solo habría servido para quedar en evidencia ante el público, pero disfrazar sus intereses económicos de sano y prudente escepticismo era otra cosa. Según los objetivos de esta empresa, los virulentos, los agresivos y los movidos por intereses eran quienes perpetraban…

el increíble y perverso ataque contra el cigarrillo, constituyendo la mayor calumnia y difamación que jamás se ha perpetrado contra un producto en la historia de la libre empresa; una insidia criminal de tan grandes proporciones e implicaciones que uno se pregunta cómo tal cruzada de injurias puede ser compatible con la Constitución.

(La traducción es mía.) Y, por supuesto, la relación entre el consumo de tabaco y el riesgo de cáncer partía de un ataque a la libertad. Para Burgard, era parte de un plan mayor, siguiendo un

patrón de ataque contra el mercado libre americano, una fórmula siniestra que está erosionando la empresa americana; seleccionando el cigarrillo, obviamente, como uno de los objetivos en los que ensayar este patrón.

Inmediatamente después de la cita que encabeza esta entrada, JVB y CM prosiguen:

La duda es también el límite de nuestro producto. Desgraciadamente, no podemos adoptar una posición de oposición directa contra las fuerzas anti-cigarrillo y decir que fumar contribuye a una buena salud.

El mero hecho de generar en el público la idea de que entre los científicos no había consenso sobre el tabaco y el cáncer, que no había pruebas concluyentes todavía, que hacía falta mucha investigación para salir de dudas: ello era su victoria. Hoy, nadie en su sano juicio duda que el tabaco aumenta, y mucho, el riesgo de sufrir distintos tipos de cáncer, particularmente el de pulmón.

2-Lucky-Strike–To-Keep-A-Slender-Figure-No-One-Can-Deny¡Menos comer y más fumar! Y además te protege de la tos. ¿Sobre eso no había controversia entre los científicos?

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Una dieta ambientalmente sostenible

En los años 80, Keys y colaboradores calificaron como mediterránea una dieta basada en los productos de origen vegetal, como los cereales, los tubérculos y las frutas frescas. Esta dieta no abusa de carnes, de lácteos ni de huevos, y, en general, no consiste en comidas copiosas.

Plato típico árabe-mediterráneo en un bar marroquí, basado en humus y yogur. Fotografía de Alpha.

La (al menos en su momento) lúcida aportación de Keys et al. pertenece más al terreno ideal que al descriptivo, pero tiene todo mi reconocimiento y agrado aun a día de hoy. Pongamos que partimos de una dieta típica de Estados Unidos, más concretamente del interior del país, abundante en carne roja, en carne blanca, en huevos, en productos lácteos. Esta dieta implica una dosis de proteínas y de vitamina B12 muy superior a la que necesitamos, y… ¿para qué? ¿Para gastar recursos innecesarios y para descomponer esas proteínas hasta compuestos nitrogenados más simples, mediante una serie de reacciones metabólicas que bien nos podríamos ahorrar? Y, además, es una dieta rica en grasas animales, pobre en proteínas vegetales y susceptible de hacer aumentar el colesterol.

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Investigación, ¿quién la necesita?

A nadie sorprendería si dijera que la investigación en España lleva cuatro años en retroceso; que los recortes en I+D son de una gran magnitud, siendo p. ej. del 25% de 2011 a 2012; que cada vez más científicos de destacable trayectoria denuncian la falta de medios y el exceso de plazos burocráticos, u optan por irse; que muchas empresas privadas (no todas), a la hora de eliminar o reducir gastos, suelen mirar en primer lugar hacia sus departamentos de investigación y desarrollo.

La investigación, ese gasto opcional y secundario.

researchers-biologists-working-in-the-fieldBiólogos investigando en campo, Hornbaker Chelsi, U.S. Fish and Wildlife Service.

 

Pero vivimos en un mercado en el que la oferta supera a la demanda. Apenas hay demanda insatisfecha de un producto tradicional. Todo lo contrario ocurría en tiempos pasados, desde el siglo XVIII hasta bien entrado el XX, cuando casi cualquiera podía trabajar en condiciones cuestionables y prácticamente cualquiera con capital podía encontrar compradores. Los tiempos han cambiado y ya no son válidos los mismos modelos productivos que antaño. La minimización de costes no puede ser lo único que lleve a una empresa a triunfar, como sigue asumiéndose en muchos sectores. Innovar con productos refrescantes y antes impensables es esencial en el mundo actual. Eso lo saben en cualquier empresa con éxito en el sector tecnológico, agroalimentario, cosmético, farmacéutico, etc.
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