El origen del virus y el espíritu crítico

Decía lord Acton que las hipótesis son redes: solo aquel que las lanza puede cazar algo. De ahí que la audacia sea virtud, y no solamente en un científico —no creo en un Wissenschaftlersein que nos haga hablar de un científico como un tipo especial de persona. Si es la audacia virtud, vicio es la obstinación. Está bien proponer que el SARS-CoV-2 haya sido fruto de algún trabajo de ingeniería genética, deliberada o negligente, siempre y cuando uno esté dispuesto a abandonar o modificar esa hipótesis tras un poco de discusión.

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Bastante revuelo se ha producido al unirse Luc Montagnier, virólogo galardonado con el Premio Nobel de Medicina o Fisiología de 2008 por el aislamiento e identificación del VIH, a las conjeturas de la modificación laboratorial como génesis del virus, el pasado 17 de abril. Con la concreción requerida para el caso, precisó que algunos segmentos del genoma del virus son sospechosamente similares al propio VIH, sobre el que él tanto ha trabajado. La audacia y las proposiciones vagas nunca se llevan bien.

La refutación no tardó mucho. Un análisis estadístico de Philippe Lacoude nos invita a dejar de lado, por el momento, la hipótesis de un proceso de ingeniería genética involucrando tramos de ARN del VIH.

¿Hizo algo mal Montagnier? No. ¿Debió haber sido más cauto, más reservado, más humilde con sus declaraciones? En absoluto. La opinión es un bien inestimable en una sociedad abierta; no debemos temer lanzar la nuestra y colocarla en un foro de debate. Ni siquiera es necesario enfatizar que podemos estar errados, lo cual debería pasar por obvio. La mayoría de las veces, «en mi opinión» es un pleonasmo. Y, por supuesto, puedo estar errado al decir eso.

Érase una persona que siempre tenía razón: ¡fíjese usted si sería imbécil!

Lo más errado, y en esto no tengo dudas, es creer con facilidad que se ha dado con una certeza. Fue el caso de Esparza y colaboradores con un vídeo de la RAI en 2015: «Es que se parece tanto a lo que ha venido…»

No, no se parece, y un crítico de profesión debería ser el primero en cuestionar la autoridad de la impresión inmediata. El 26 de febrero, un trabajo de Liu et al. desmontaba esta y otras alegaciones:

Another claim in Chinese social media points to a Nature Medicine paper published in 2015 [7], which reports the construction of a chimeric CoV with a bat CoV S gene (SHC014) in the backbone of a SARS CoV that has adapted to infect mice (MA15) and is capable of infecting human cells [8]. However, this claim lacks any scientific basis and must be discounted because of significant divergence in the genetic sequence of this construct with the new SARS-CoV-2 (>5,000 nucleotides).

Una diferencia de 5000 nucleótidos es abismal. Como ejemplo, para el SARS-CoV de 2002, se detectó una diferencia de 202 nucleótidos entre una cepa que afectaba a humanos y otra del organismo intermediario Paradoxurus hermaphroditus (civeta de las palmeras).

¿Significan estas refutaciones que el virus surgió de forma natural con una probabilidad del 100%? No. Aún no sabemos el origen del virus. Mientras tanto, las hipótesis son bienvenidas con la única condición de que la discusión se acepte. El tiempo es desconsiderado para con los ávidos de certeza.

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