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¿Lo mejor es enemigo de lo verde?

Muy a menudo, las predicciones verdes pecan de radicalmente pesimistas:

Los demógrafos coinciden casi unánimemente en este pronóstico: en 1975, comenzarán hambrunas epidémicas en India; para 1990 se habrán extendido hasta incluir toda India, Pakistán, China, Oriente Medio y África. […] Para el año 2000, dentro de 30 años, todo el mundo a excepción de Europa Occidental, Norteamérica y Australia estará en condiciones de hambruna.

-Prof. Peter Gunter, en The Living Wilderness. La traducción es mía.

Hay una evidencia científica, tanto experimental como teórica. […] En una década, los habitantes de ciudades tendrán que llevar máscara de gas para sobrevivir a la contaminación atmosférica. […] Para 1985, la contaminación habrá reducido a la mitad la cantidad de luz solar que alcanza la Tierra.

-Life, enero de 1970. La traducción es mía.

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En pleno 2017 hay neoyorkinos que caminan por su ciudad, tan tranquilos ellos, sin su máscara de gas.

 

La otra cara del catastrofismo es el optimismo desmesurado: si se acaba el petróleo, ¡todo será bio en el futuro! ¿No?

Y mi disciplina no podía ser una excepción. El uso de residuos agrícolas para la fabricación de papel es parte fundamental de mi tesis y en la introducción de cada artículo, como es habitual en el «gremio», intento convencer al editor de que… esta vez sí, esta vez sí es verdad que la paja o la poda aportan más ventajas que desventajas. El caso es que lo mismo llevan haciendo investigadores afines desde, como mínimo, los noventa.

Hoy, los materiales no madereros suponen solamente un 7% del suministro mundial de fibras para papel. Pero hay una alta probabilidad de que esa cuota se incremente hasta el 20% o más.

-J.M. Abramovitz y A.Y. Mattoon, en State of the World 2000.

Todas las estimaciones sugieren que la proporción de fibras no madereras en la producción global de pasta y papel aumentará.

-R. Shmulsky y P.D. Jones, en Forest Products & Wood Science.

Convencer al editor, de todas formas, es relativamente fácil: quienes estudiamos la revalorización de residuos lignocelulósicos siempre nos citamos entre nosotros, la revista consigue citas, la revista consigue impacto, la revista consigue una calificación mejor. Pero convencer a un fabricante de papel… es otra historia. ¿Y convencerle de que puede convencer al cliente?

¡Ojalá la tendencia hubiese sido la predicha en los noventa! Sí, el reciclaje ha aumentado mucho y en el caso español es motivo de orgullo, pero no todo es tan verde y tan guay con el reciclaje de papel. No voy a discutir que nuestra alta tasa de reciclaje, casi del 80%, sea un logro, pero el papel reciclado no es necesariamente así:

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Del mismo modo, el papel virgen no es necesariamente así:

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De hecho, en este caso es precisamente al revés. La fotografía de arriba corresponde a papel kraft virgen de Cheever, naturalmente marrón, con un blanqueo mínimo y muy poco contaminante. La fotografía inferior corresponde a papel reciclado de Novac. Si el brillo es superior al 110% (ISO), no podría asegurar que la producción de este papel blanco haya sido mejor para el ambiente que la producción de aquel papel kraft.

El principal motivo del triunfo del reciclaje, aunque sea algo bueno, no es la conciencia ambiental. El principal motivo es el precio de la madera, que desde mediados de la década pasada está por las nubes. Personalmente, creo que la forma óptima de prescindir de la madera sería mezclando fibras recicladas con fibras vírgenes de residuos agrícolas, y eso es precisamente lo que defendemos en nuestro artículo próximamente publicado en BioResources.

Me he propuesto que el siguiente paper sobre este tema persuada al lector con un enfoque distinto. Quiero aceptar, desde el principio, que la reutilización de residuos de agricultura como materia prima en la fabricación de papel tiene poderosos inconvenientes.

Por un lado están los inconvenientes asociados a la logística. La menor densidad de la paja y otros residuos, siempre en comparación con la madera, encarece su transporte y su almacenamiento (la misma masa necesita más volumen, i.e., más vehículos o más metros cúbicos). De hecho, las fábricas convencionales suelen contar con sus propios cultivos madereros.

Además, la formación de la hoja de papel presenta complicaciones que no están presentes cuando se usa madera de eucalipto. El contenido en sílice no parece estar compensado, a ojos de los papeleros, por el menor contenido en lignina. Aunque se ahorra energía en la etapa de refino, la alta retención de agua hace que el proceso de drenaje sea lento. Finalmente, la resistencia de la hoja en húmedo (wet strength) es menor.

Por otro lado, el producto final (la lámina de papel o de cartón) no será exactamente igual. Y cuanto más pretendamos que sea igual que el papel de madera de eucalipto, más costoso y contaminante será el proceso.

Actualmente, los fabricantes de papel conforman la industria manufacturera con el mayor consumo de agua. ¡El mayor consumo de agua! Tal es, junto con los malos olores, el mayor problema. Y un tercer problema es que estamos desaprovechando la mejor oportunidad de valorizar residuos de agricultura. Esto último aliviaría los dos primeros, ya que los residuos herbáceos no requieren de procesos de delignificación y blanqueo tan severos como la madera.

Pero el mayor obstáculo, a mi juicio, es la exigencia del consumidor. La competencia entre distintos fabricantes dio lugar a hojas de papel innecesariamente blancas, brillantes y resistentes para el uso que la mayor parte de compradores les va a dar.

Si no exigiéramos tanta fuerza, podríamos prescindir del sulfuro de sodio. Se usa para que la sosa cáustica no estropee demasiado la celulosa, pero el papel del siglo XIX no lo necesitaba. Era más débil, pero mi ejemplar decimonónico de La Ilíada se deja leer perfectamente. Tengo mayor inconveniente con la manía de transliterar los nombres griegos con sus equivalentes romanos. Sí, los griegos dicen ¡Por Júpiter! antes de que existiera el latín. Pero se lee perfectamente en ese papel hecho sin derivados de azufre.

Si no exigiéramos tanta blancura para usos cotidianos, podríamos prescindir de varias etapas del blanqueo. Hasta hace pocas décadas, el blanqueo tenía tres o cuatro etapas y conseguía un brillo cercano al 90%. Hoy, no es raro encontrar procesos de blanqueo de siete etapas y el brillo que logran es superior al 110%. ¿Para qué? Si vas a presentar un informe al profesor o al jefe, digo yo que valorará más el texto en sí que su soporte, salvo que el jefe no entienda el texto en sí (y, en ese caso, deberías estar presentando tu candidatura para otra empresa, aunque me temo que lo harás en papel ultra-blanco de gramaje 80). Valorará, por ejemplo, que respetes los nombres de los dioses griegos.

Proyecto 17

Cuando el reloj de la Puerta del Sol marcó el inicio del nuevo año hace 17 días, numerosas mentes españolas elucubraron propósitos de lo más variopinto: cuidar bien de la pareja, de nuestros mayores y/o de los hijos; apuntarse al gimnasio, perder unos kilitos; encontrar un buen trabajo, mejor aún si incluye un buen sueldo; dejar el tabaco o alguna otra adicción, e incluso ser feliz.

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En esta entrada propongo que nos propongamos otro tipo de proposiciones. Porque eso de cuidarse, mostrar amor a la familia y enfrentarse a los propios problemas está muy bien, pero también hemos de enriquecer nuestras almas. Y donde digo alma, puede leerse neocorteza cerebral o lo que se prefiera en cada caso. Porque si no te culturizas, al final acaba el año y te das cuenta de que no has hecho más que trabajar y disfrutar de la vida. Y eso es algo muy triste.

Iré actualizando los distintos epígrafes con un pequeño comentario para cada objetivo.

 

I. Leer, al menos, 17 libros a lo largo de 2017. Narrativa, ensayo, lírica: vale todo.

  • Reflejos de absenta, de Alexis Falkas. Me tocó en un sorteo (gracias a @AlexMorenoJ) y a Fortuna no se le hace un feo. Una novela indie muy ágil sobre un escritor que escribe sobre un escritor que resulta que en realidad es… Ahí lo dejo. Disfruté particularmente el final, una sucesión de giros argumentales hasta la última página.
  • The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy, de Douglas Adams. En el plano narrativo, es una aventura divertidísima. El humor blanco abunda más que en las novelas de, por ejemplo, Terry Pratchett, pero el humor ácido, mordaz, irreverente y, en una palabra, inglés, tiene una presencia nada desdeñable. La mofa del antropocentrismo, reducido al absurdo durante toda la obra, es brillante.
  • Madreselva, de Emmanuel Marzía. Otra novela indie, pero con nula promoción en internet (ni siquiera por parte del autor). Me gustó la caracterización de los personajes, unos miserables forros (ya que se trata de una narración argentina) muy distintos entre ellos: odio, manipulación, mentira, obsesión, venganza, corrupción… Ahora bien, no me gustó nada la forma de llevar los diálogos.
  • Los justos, de Albert Camus. Corto libro, larga función teatral. Cinco actos con Yanek, Dora, Boria, Voinov y Stepan, unos terroristas en las vísperas de la Revolución Rusa con unos conflictos intra e interpersonales que Camus expone de forma magistral.
  • El guardían invisible, de Dolores Redondo. La exposición de la mitología vasco-navarra, la descripción de los paisajes y el personaje de Amaia Salazar son ingredientes encantadores. Otras cosas no han sido de mi agrado: una trama policíaca mediocre, diálogos en los que unos personajes prolijos se explayan con la inconveniente intención de informar al lector, importantes personajes sin sombras, desenlace precipitado…
  • La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. De las novelas suelo destacar la trama, pero en Ruiz Zafón he de mencionar su calidad como escritor. ¡Qué buen uso del lenguaje! ¡Qué personajes tan encantadores en la Barcelona de los años cincuenta! En lo que respecta a la acción (introducción, nudo, desenlace), no obstante, no me parece nada del otro mundo. Demasiado predecible, quizás.
  • Veinte poemas de amor y una canción desesperada | Los versos del capitán, de Pablo Neruda. La edición aunaba composiciones de la adolescencia del poeta (etapa neorromántica) y poemas de su madurez (etapa vanguardista).
  • Firefight, de Brandon Sanderson. Segunda parte de The Reckoners, una refrescante y dinámica serie literaria de héroes muy humanos y gente con superpoderes que, de forma más natural que en los típicos cómics de superhéroes, tiende a la arrogancia y al afán de poder.

 

II. Visualizar, al menos, 17 largometrajes a lo largo de 2017. Comedia, drama, suspense, documental: vale todo.

  • Vaiana, dirigido por Ron Clements y John Musker. Disney lo ha vuelto a hacer. La Frozen tropical presenta a una princesa valiente, independiente y heroica, entre canciones pegadizas (¡una de ellas está parcialmente en tokeluano!) y una calidad visual impecable.
  • La La Land, dirigido excelentemente por Damien Chazelle, con música de Justin Hurwitz. Tras un inicio constituido principalmente por tópicos, aunque amenizados con buenas canciones y coreografías bien trabajadas, la historia verdaderamente llega a emocionar. ¡Qué buena actuación de Emma Stone!
  • Split, dirigido por M. Night Shyamalan. A mi juicio, en términos de guion no llega al nivel de Unbreakable, pero James McAvoy encarna a un villano encantador. Y es que a algunos malos se les coge cariño, a otros se les odia, de otros se siente compasión, otros hacen gracia; amparado en un caso extremo de transtorno de personalidad múltiple, Shyamalan presenta todos esos tipos de villano en uno.
  • The Dreamers, dirigido por Bernardo Bertolucci. De mis mejores descubrimientos. Dos hermanos que mantienen una relación semi-incestuosa en el París de 1968 aceptan «de los suyos» a un estudiante estadounidense. Los tres son cinéfilos y reproducen en sus costumbres, como forma de vida, escenas del cine clásico. Eva Green, espectacular.
  • This is the End, dirigido por Evan Goldberg y Seth Rogen. Loquísima comedia americana, más allá de lo típico. Las conversaciones entre Jay Baruchel y Seth Rogen resultan genuinamente naturales, pese a todos los elementos absurdos que incorporan.
  • El guardián invisible, dirigido por Fernando González Molina. La película es una buena adaptación de la parte mala de la novela, pero omite casi todo lo relativo a la mitología. Omite, pues, lo que hace especial a la obra que pretende adaptar. Nada recomendable.
  • House of 1000 corpses, dirigido por Rob Zombie, quien, además de dirigir, produce, escribe el guion, actúa en uno de los roles más importantes y se encarga de la música. Ni es una obra maestra ni pretende serlo, aunque hay quien la considera una película de culto, pero merece la pena por audaz, por macabro y por… raro.
  • Womb, dirigido por Benedek Fliegauf. Una película inequívocamente europea, experimental, de ritmo lento y gran dirección artística. En un futuro próximo, la clonación humana es legal (aunque socialmente mal vista) y algunas personas la ven como una suerte de revivir a seres queridos que han fallecido. De nuevo, una actuación excelente de Eva Green; Matt Smith, sin embargo, resulta decepcionante.

 

III. Terminar, al menos, 17 videojuegos (con desenlace) a lo largo de 2017. Aventura, rol, acción: vale todo.

  • Life is Strange, dirigido por Michel Koch y Raoul Berbet, con una meritoria banda sonora compuesta por Jonathan Morali. La aventura desarrollada por Dontnod y publicada por Square-Enix involucra puzles, viajes en el tiempo y personajes memorables, llegando a lo psicodélico al final.
  • Bravely Second: End Layer, dirigido por Kensuke Nakahara. Más allá de simples reminiscencias, el sistema de juego devora y amplía todo lo que fue el gran Final Fantasy V (1992). Pero aquel no tenía voces, y este juego… ¡qué buen doblaje! Personalmente destacaría a Casandra Lee Morris, que dobla a Edea Lee. Interesantes rupturas de la cuarta pared.
  • Professor Layton and the Unwound Future, dirigido por Usuke Kumagai y Jun Suzuki. El mejor de la trilogía de Nintendo DS. Además de la resolución de 175 o más puzles, el juego de Level 5 utiliza más cinemáticas y diálogos que nunca para mostrar una historia con momentos sorprendentemente emotivos y épicos.
  • Silent Hill: Shattered Memories, dirigido por Mark Simmons. El suspense adquiere más peso que el terror en la búsqueda de su hija que emprende Harry Mason. Del jugador se requiere sentido de la orientación, resolución de puzles y habilidad para esquivar a los enemigos. Importantes defectos del juego, como la nula variedad de enemigos (¡uno!), quedan compensados con un final chocante.
  • Project Zero 2, dirigido por Makoto Shibata. Pese a un control innecesariamente tosco (tipo tanque), escasez de puzles y desenlace literalmente anunciado, esta contribución al terror japonés consigue su objetivo primario: dar miedo. Mi tensión y mis sustos también consiguieron hacer reír a mi acompañante.
  • Super Mario 3D Land, dirigido por Koichi Hayashida. Nintendo hizo para 3DS la mejor entrega de Mario en cualquier consola portátil. Fue muy gratificante terminar los 42 niveles normales y los 40 niveles especiales.
  • Shadow Complex, dirigido por Donald Mustard. Como producción independiente, su mérito y su originalidad son innegables, pero ciertas pretensiones se quedan cortas. La historia de infiltración, que se complementa con una novela, no combina bien con una jugabilidad basada en la acción.
  • Professor Layton and the Spectre’s Call, dirigido por Usuke Kumagai. Como siempre, más de 100 puzles consiguen exprimir el ingenio del jugador. Sin embargo, de 13 capítulos pasamos a 10, de una encantadora Londres volvemos a un pueblo ficticio y la historia no consigue emocionar tanto como la de Futuro perdido.

 

IV. Escuchar, al menos, 17 álbumes de música a lo largo de 2017. En este caso, no me atrevo a concluir que valen cosas como: Es el baile del verano, con la Leti, tiki taka, tiki taka.

  • Slaves and Masters, de Deep Purple. Considerado generalmente uno de los peores discos de los ingleses, ha tenido, a mi juicio, una valoración injusta. Puede que no tenga la voz que esperas (Joe Lynn Turner, de Rainbow), ni la contundencia que esperas de DP, o que las letras sean banales. Yo… he disfrutado escuchándolo.
  • Cuando no te pones falda, de Sínkope. Primer disco que escucho de este grupo de rock de este país. Me han sorprendido las letras de Vito, llenas de significado y con un enfoque mucho más lírico de lo que intuía.
  • Brave New World, de Iron Maiden. Había escuchado ya aproximadamente la mitad del álbum, pero en forma de temas sueltos (The Wicker Man, The Mercenary, Dream of Mirrors…). No obstante, soy partidario de escuchar los álbumes de una sentada, hasta el punto de que no me suelo permitir separar criminalmente los temas de un disco con personalidad sin escucharlos todos antes para confeccionar arbitrariamente una lista de reproducción. Al final he saldado esta deuda y, francamente, concluyo que es uno de los mejores trabajos del grupo británico.
  • The Ashtonishing, de Dream Theater. El nombre le viene al pelo. Su composición, verdaderamente impresionante y refrescante, aprovecha el virtuosismo de cada miembro del grupo, incorpora nuevos sonidos instrumentales y recurre a coros masivos. El álbum, con una duración que supera las dos horas, va más allá del metal progresivo de Awake o Train of Thought, pareciendo no querer circunscribirse en un género concreto.
  • Contratiempo, de Gritando en Silencio. Me alegro de haber descubierto este grupo de rock español. No sé si es su mejor álbum, pero es enorme. Letras llenas de significado, de gran valor literario; buena composición instrumental; buena voz; buena producción.
  • Desire, de Bob Dylan. Probablemente, de lo más alocado, arriesgado, variado, narrativo y receptivo a influencias del reciente Premio Nobel. Al escuchar por vez primera el disco completo, solamente reconocía la mítica (y polémica) Hurricane.
  • La última bala, de Iratxo. Sigo con mi particular aprendizaje sobre rock urbano español, en este caso con notables influencias de ska y reggae. Mi tema favorito, Podar el Rosal.
  • Avalancha, de Héroes del Silencio. Álbum particularmente rockero de Enrique Bunbury, Juan Valdivia y compañía. Aunque está lejos de ser el más exitoso, le he cogido un cariño particular. Hasta este disco, casi todo lo de Héroes me sonaba demasiado similar.
  • Canción animal, de Soda Stereo. Se trata del quinto álbum de estudio de esta famosa y talentosa banda argentina. Muchos lo consideran el comienzo de la madurez del grupo. Casi todas las canciones son por sí mismas éxitos, lo que resulta ciertamente meritorio.  Enorme disco.

 

V. Asistir a, al menos, 17 seminarios de ciencia o humanidades, exposiciones en museos o foros, visitas a ciudades desconocidas hasta el momento o cursos no obligatorios.

  • Quantum Mechanics of Molecular Structures, impartido por Kaoru Yamanouchi. Un curso que ha mejorado sustancialmente mi interpretación de espectros de absorción en las regiones IR y visible. También me ha hecho descubrir la difracción de electrones, cuyos patrones de interferencia son inesperadamente divertidos.
  • ¡Sorpréndeme!, una exposición de Philippe Halsman en el CaixaForum de Madrid. El talento, la lucidez, el sentido del humor y el afán de trabajo del fotógrafo, en efecto, me sorprendieron. Ingeniosas imágenes de Salvador Dalí, Fernandel, Audrey Hepburn, Marilyn Monroe y Alfred Hitchcock, entre otros inmortales.
  • The art of the Brick, en el teatro Fernán Gómez. Representación artística del universo DC Comics, particularmente de La Liga de la Justicia, con las clásicas piezas de Lego. Como inconveniente, ciertamente esperaba encontrar más personajes de DC, pero la obra se centra únicamente en Superman, Batman, The Flash, Wonder Woman, Green Lantern y Cyborg.
  • The Jack the Ripper Tour, en el este de Londres. La guía era una mujer simplemente maravillosa. Durante al menos una hora y media, nos llevó por zonas otrora oscuras de la capital británica, proyectando sobre las paredes fotografías de las víctimas canónicas y exponiendo las distintas teorías sobre un cruel asesino en serie jamás capturado.
  • We/Code, de Ironhack. Curso intensivo de HTML y CSS en un solo día. Incluía un concurso consistente en diseñar una web conocida; me fui a lo más difícil, estúpidamente, y opté por Spotify. En el blanco de la letra se parecían.
  • Cursos de interpretación: Iniciación al teatro, en el teatro Lagrada (distrito Arganzuela). Fui a clases de teatro en mi instituto, pero decir que aprendí a interpretar sería tan presuntuoso como generoso sería decir que me enseñaron. Este curso, además de hacerme aprender, me resulta muy divertido.
  • Los módulos de unión a colina de neumococo como herramientas multiuso en estructura y biotecnología de proteínas, del profesor Jesús M. Sanz, en el Centro de Investigaciones Biológicas (CSIC). Buena exposición de las investigaciones recientes de un pequeño y audaz grupo de biotecnólogos en la Universidad Miguel Hernández de Elche.
  • Curso de voluntariado, de Solidarios.org. A saber: cuál es el espacio del voluntariado, qué condiciones tiene según la legislación y por qué no puede reemplazar los servicios públicos que deben ser ofrecidos por el Estado.
  • Nuevas estrategias de la lucha contra las ‘superbacterias’, de la doctora Itziar Alkorta. El profesor Sanz ya me había transmitido la preocupación por la resistencia a los antibióticos en muchos países desarrollados (principalmente EEUU, España, Francia). Una estrategia necesaria es persistir en el desarrollo de nuevos antibióticos, pero por sí sola no puede más que postergar la aplicación de verdaderas soluciones. La profesora Alkorta, de forma muy interesante para con el público, nos expuso las hipótesis, sugerencias y resultados de su grupo de investigación.

 

VI. Asistir a, al menos, 17 espectáculos en directo: danza, teatro, música. Los ensayos de funciones teatrales, los monólogos y los conciertos quedan incluidos.

  • Coolturetas Comedy, la Noche de Joan Pico, presentado (evidentemente) por Joan Pico. Siete monólogos humorísticos (uno de ellos, de propina), más de dos horas pasándolo bien. Lo único malo que puedo decir es que comenzó con un notorio retraso, posiblemente incitado por el local para que los clientes consumieran. Me encantó el monólogo de Borja Sumozas, brillante.
  • Un obús en el corazón, del dramaturgo canadiense Wajdi Mouawad, interpretado espléndidamente por el actor nacido en Beirut Hovik Keuchkerian (de madre española). Literato y monologuista, ambos de origen libanés y exiliados a raíz de la guerra que asoló el país, generan un drama desgarrador. Era solo natural escuchar llantos en el teatro.
  • Corta el cable rojo, improvisación de Carlos Ramos, José Andrés y Salomón. ¡Hacía tiempo que no me reía tanto! La división de ambos actos en diferentes números de improvisación, una improvisación rigurosamente probada por el hecho de adaptarse a las tarjetas y los tuits que escribe el público, aportó variedad y frescura respecto a espectáculos similares a los que he asistido en el pasado.
  • Para seguir viviendo, de Antonius Bloc. Teatro indie, con participación de un sinfín de estudiantes de la URJC. A pesar de algunos ingredientes geniales, no concluí que la obra quedara a la altura de su propia ambición.
  • El pintor de batallas, de Antonio Álamo, adaptando la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte. ¡Espectacular interpretación de Alberto Jiménez como Ivo Markovic! Rebellón, sin embargo, no consigue transmitir tanto al retratar las sombras del pasado del fotógrafo más famoso de las guerras de los Balcanes.
  • Lástima que sea una puta, adaptación de Lidio Sánchez Flores de la obra original de John Ford (dramaturgo) en el siglo XVII. Resultó divertido mezclar la Italia renacentista con elementos actuales.
  • Entre cuernos y celos, una adaptación de los Entremeses de Miguel de Cervantes, a cargo del grupo de teatro Zurdos Contrariados. La intención del grupo, cuya interpretación fue muy buena, es mostrar el riesgo al que se aventuraba Cervantes en plena época de Santa Inquisición.

 

VII. Leer, escuchar o visualizar, al menos, 17 artículos, entradas de blog, podcasts o conferencias: de investigación, de divulgación científica, de cualquier rincón de la physis donde alcance la sophia y podamos expresar mediante el logos.

  • Study of thermodynamic properties of various allomorphs of cellulose, de Michael Ioelovich en ChemXpress. Hilando muy fino, el autor aborda la entalpía de formación estándar y la energía libre de las (no muy) distintas formas cristalinas que adopta la celulosa.
  • Grafeno y siliceno, vaya par de gemelos, de J.M. López Nicolás en La Verdad. Carbono contra silicio, grafeno contra siliceno y un visitante inesperado al final del artículo: el siligrafeno, recientemente descubierto. Imprescindible lectura para cualquier persona mínimamente interesada en la ciencia de los materiales.
  • El homo erectus caminaba como nosotros, de Alec Forssman en National Geographic. Huellas de hace 1,5 millones de años son sorprendentemente parecidas a las nuestras. En líneas generales, es posible que el homo erectus fuera más similar al homo sapiens sapiens de lo que tradicionalmente hemos asumido.
  • Idealized powder diffraction patterns for cellulose polymorphs, de Alfred D. French en Cellulose (Springer). La cristalinidad de la celulosa, su polimorfismo, la asignación de índices de Miller y el tamaño de los cristalitos necesitaban una convención. A falta de una norma internacional, los científicos han interpretado los patrones de difracción de rayos X de forma tremendamente dispar, dificultando mucho el entendimiento entre pares. La propuesta de French me parece la mejor y es la que estoy siguiendo congruentemente en mis últimos artículos.
  • Non-wood fibre and global fibre supply, de H. Pande para la FAO. El artículo data de 1998 y resulta excesivamente optimista en las predicciones del uso de fuentes de fibras alternativas a la madera en Occidente. ¡Hasta 5,4 millones de toneladas en Europa en 2010! La realidad fue peor que su peor escenario.
  • How healthy is your ice cream?, de Be Food Smart. Cómo distinguir un helado indudablemente saludable de uno no tan conveniente. Sin obsesionarse por los aditivos, por favor.
  • Shermer’s Last Law, del propio Michael Shermer. Hipótesis trasladadas de la ficción al mundo real para ilustrar el conflicto entre religión y ciencia. Básicamente, “su ley” afirma que una inteligencia extraterrestre que contactara con nosotros sería indistinguible de la deidad.
  • Difficult furnishes, de Martin A. Hubbe en Tappi Proc. Devoré ese artículo. A pesar de ser una publicación alojada en un medio técnico, dirigido a fabricantes de papel e investigadores en ese mismo tema que tienen una formación específica, la exposición del editor jefe de BioResources es clarísima. Muy buen divulgador.

 

Tengo además otros objetivos personales, difícilmente extrapolables. Quiero publicar o comunicar, al menos, 17 contribuciones científicas de cualquier tipo y formato (no necesariamente artículos). Quiero publicar la tercera parte de «El mundo del interior de la tostadora». Quiero terminar la tesis y obligar a todo el mundo a llamarme «doctor».

Y este blog recibirá, al menos, 17 entradas a lo largo de 2017.

Tres copas de mosto

Para numerosos adultos, la Navidad es una época estupenda para el consumismo, la contracción de enfermedades, las incómodas visitas de parientes y la ingesta descontrolada. Sorprendentemente, dichos adultos invierten esfuerzos considerables en hacer ver a sus hijos cuán equivocados están sus padres.

Papá Noel acababa de traer más que lo pedido por la pequeña Ester. Esta niña de ocho años, no obstante, daba más importancia a lo espiritual que a lo material. Lo espiritual era corretear por un espacioso piso en el centro de Madrid, sin pasar frío, escuchando Adeste fideles con alegría, con devoción y con un equipo de sonido de alta fidelidad.

Quizá porque su fe era inquebrantable (pese a que iba a un colegio religioso), Ester prefería a los Reyes Magos de Oriente. ¿A qué niño o niña no le gustaría disfrutar de los privilegios de Jesús, pero sin tener que sufrir la persecución de Herodes el Grande?

¡Ah, sí! A Marta, la hija de la asistenta.

—Que no, Ester. Los Reyes Magos no existen. Tú tienes el telescopio y yo no… porque tus padres son ricos, no porque te portaras mejor el año pasado.

—¡Sí que me porté mejor, tonta!

Desde luego, la explicación en la que coincidían papá, mamá y su hermano le resultaba más razonable. Ella siempre daba la razón a los mayores, incluso cuando los mayores no tenían razón. Fue eso por lo que Melchor, un año antes, le había otorgado un telescopio de cien aumentos. Además, si Marta y su madre eran tan pobres… ¿por qué tenían tantas velas en invierno?

Esta vez, todo sería distinto. Esta vez, la rapaza documentaría la existencia y presencia de Melchor, Gaspar y Baltasar. Ester no creía que tuviera que estar dormida de verdad para que Sus Majestades de Oriente acudieran a su domicilio; tal norma habría sido muy injusta para con los niños que, habiendo desplegado un comportamiento intachable, tenían dificultades para conciliar el sueño.

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Aquel cinco de enero, mamá insistía en ir a la cabalgata un año más. La niña con nombre de reina no lo deseaba tanto, teniendo en cuenta que planeaba ver a los Reyes en su propia casa, pero aceptó porque le encantaba ver a su madre feliz.

—¡Mira, hija, ahí va Gaspar! —exclamó mamá en el Paseo de la Castellana—. ¡Qué carroza tan chula!

—Sí, aunque su traje no sea de verdad. —La infanta vislumbraba el desfile a hombros de su hermano mayor, David, que no compartía el ánimo de las chicas de la casa. ¡Menudo muermo!

Por la noche, la joven espía bebió toda la Coca-Cola que pudo antes de suscitar la alerta de sus padres. Cuarenta miligramos de cafeína fueron suficientes para su infantil cerebro, ayudando a Ester a permanecer despierta.

Cuando unas pisadas resonaron cerca de la habitación de la niña, supo que debía fingir estar dormida. Sí, ella había considerado la posibilidad de que Sus Majestades verificaran que no hubiera testigos de su operación clandestina. Creyéndose más lista que unos individuos cuya edad superaba los dos mil años, salió de su dormitorio cuando se alejaron. Gateando, desplazándose con sigilosa lentitud, Ester llegó al recibidor, se irguió cuidadosamente y asió la consola que llevaba anclada al pantalón de su pijama. Activó la cámara de su Nintendo 2DS. Con su pequeño corazón latiendo aceleradamente, se dispuso a fotografiar a dos de los Reyes Magos. ¡Era la ocasión perfecta!

Desgraciadamente, la oscuridad no permitía distinguir si se trataba de Melchor y Gaspar, de Melchor y Baltasar o de Baltasar y Gaspar. Supo que estaba a punto de salir de dudas cuando uno de ellos dirigió a su propia cara el teléfono móvil que llevaba.

¿David?

¿Qué hacían ahí su padre y su hermano?

Por un instante, la infanta sintió la tentación de advertirles. «¡Los Reyes no van a entrar si estáis en el recibidor!» Pero las acciones de papá y de David evidenciaron que no tenían las mismas intenciones que la niña. Cogieron una llave situada en una estantería alta, la utilizaron para abrir un armario y extrajeron un montón de objetos envueltos con papel de regalo. Dieron buena cuenta de las tres copas de mosto. La chica siempre se había preguntado por qué en su vivienda no dejaban leche o cava a los Reyes, como se hacía en otros hogares; una parte de su mente sugirió que la respuesta estaba relacionada con la intolerancia a la lactosa de su abstemio padre. Pero eso significaba…

Significaba que Marta tenía razón.

Instintivamente, volvió a su habitación sin ser percibida, volvió a acostarse, volvió a fingir estar dormida. Se pellizcó: no era una pesadilla. Decepcionada, deseó que la fantasía de los Reyes Magos hubiese sido cierta. Pero deseó con más fuerza algo más realista: no haber comprobado que no lo era.

En aquel momento, pensó en su madre. ¡Ella seguía siendo tan ingenua…! «Como mamá se entere de que los Reyes son en realidad papá y mi hermano, se va a poner muy triste».

Los párpados de la niña parecían más pesados que nunca, pero aún había algo que quería hacer. Esperó a que los auténticos regaladores volvieran a sus respectivos cuartos y se levantó otra vez. Una vez cumplido su cometido, descansó hasta ser despertada por su madre.

—¡Ester! Sabes quiénes han venido esta noche, ¿no?

—¡Los Reyes! —repuso la hija con un entusiasmo casi natural.

Papá simuló ilusión al abrir los obsequios que le correspondían. La niña siguió su ejemplo. ¡Mamá no podía albergar sospechas! David, por otro lado, apenas se molestaba en fingir. Pero incluso él se sorprendió al ver borrado el destinatario en el principal regalo de su hermana. La etiqueta del telescopio de doscientos veinte aumentos ya no rezaba: «De Baltasar, para Ester».

Con una caligrafía tan exquisita que resultaba difícilmente concebible en un adulto, en la etiqueta del presente podía leerse: «De Baltasar, para Marta».

Cerciorándose de que mamá no la estaba mirando, Ester sonrió y guiñó un ojo pícaramente.

El tamaño adecuado es el que vayas a usar

Por supuesto, una economía ambientalmente sostenible requiere regulaciones para que las consecuencias de la escasez de un recurso o de la acumulación de un contaminante no percutan demasiado tarde. Como concluí hace un par de años, la tecnología y el mercado por sí solos reaccionan a los problemas ambientales con un desfase temporal (escasez, aumento de coste, reasignación económica, solución técnica). El objeto de las regulaciones económicas en materia ambiental es anticiparse.

Ahora bien: no es buena cualquier política de incentivación o desincentivación por el mero hecho de tener el fin noble de evitar la contaminación o la escasez de recursos. A veces, la política ambiental acaba consiguiendo el efecto contrario al perseguido.

Ya vimos en el caso del diésel el error de la Unión Europea al favorecer, con su política de límites de emisión, los vehículos con motor diésel. El inusual triunfo de estos coches en Europa, y particularmente en España, pasa factura. Los madrileños siguen sufriendo problemas de smog a pesar de las restricciones al tráfico. Si no me creen a mí, pueden echar un vistazo a este artículo de Pablo León en El País:

Aunque la combustión del carbón, del petróleo o del gas natural genera óxidos de nitrógeno, el foco principal de este contaminante en ciudades son los motores diésel. Si bien son más eficientes energéticamente hablando —de ahí que en los noventa fueran promocionados a bombo y platillo—, generan emisiones muy altas. A pesar de ello, son mayoritarios. En la Comunidad de Madrid los diésel representan el 58% del parque móvil, según datos de la Dirección General de Tráfico. El 63% de los turismos matriculados en lo que va de 2016 son de gasoil.

Un ámbito muy distinto donde ha sucedido algo muy similar, afortunadamente mucho más fácil de remediar, es el de los envases en la industria alimentaria.

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Siempre negativo, nunca positivo

A cualquier científico le gusta que le pregunten con qué está jugando. Por lo tanto, le gustará responder, siempre y cuando un molesto compromiso de confidencialidad no se lo impida. Y, además, le gustará que su receptor le entienda. Como consecuencia, numerosos investigadores en todo el mundo se dan el gustazo de divulgar sus actividades o descubrimientos. Algunos incluso cobran por ello.

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Excepto si estás desarrollando una máquina del tiempo. No friki. Phuwan.

El grupo del que formo parte lleva dos años y medio cationizando celulosa. Y no solamente celulosa pura, de la que se vende como un polvo blanco o como un montón de fibras blancas a laboratorios e industrias. Eso es jugar en modo Easy. También cationizamos residuos agrícolas después de quitarles la mayor parte de su lignina, que generalmente complica las cosas. Con las fibras cationizadas hacemos papel e intentamos convencer al MINECO, a la industria papelera y a los editores de revistas científicas de que todo esto sirve para algo.

No puedo decir qué es la cationización de celulosa sin decir que las fibras celulósicas (sin modificar), cuando están suspendidas en agua, presentan una carga (eléctrica) negativa.

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Singer, la tauromaquia y los huevos

Una de las tendencias de Twitter en España el 27 de agosto de 2016 ha sido #TuiteaComoUnTaurino. Los participantes han usado ese hashtag para ironizar con los argumentos, a menudo falaces, que frecuentemente esgrimen los partidarios de la tauromaquia. Uno de ellos puede formularse, entre múltiples corolarios: «Si no eres vegano, no te puedes quejar».

 

 

 

La ironía parece cumplir el fin de reducción al absurdo, pero no hay tal reducción. El argumento efectivamente puede encontrarse en serio y en sentido literal, pero minoritariamente en boca de taurinos.

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En busca de las unidades de las constantes de equilibrio

Una de las contradicciones más flagrantes y evidentes de los libros de texto de 4º de ESO y Bachillerato se encuentra con facilidad en los de Química o Física, en 4º o 1º, y de Química, en 2º de Bachillerato. A veces, los docentes caen en este error con facilidad, incluso en estudios superiores (no es el caso de mi profesor de Química Física en el curso 2008/2009, una persona realmente lúcida). Muchos alumnos acaban su carrera universitaria de ciencias o ingeniería con ideas erróneas sobre las constantes de equilibrio.

Uno puede abrir uno de esos libros por el tema de Equilibrio Químico, quizá Equilibrio a secas, y encontrar alguna reacción de ejemplo:

ecuación 1

Esto es una reacción reversible. Si esperamos un tiempo suficientemente alto a una temperatura dada, dejaremos de apreciar cambios en las concentraciones de N2O4 y NO2. Así, los libros definen una constantes «de equilibrio», Kc, de la siguiente forma:

ecuación 2

Es decir, un cociente donde el alumno debe introducir la concentración de cada especie cuando se ha alcanzado el equilibrio, siempre en mol/L. Definida así, Kc no puede sino estar expresada en mol/L, ¿verdad?

Seguidamente, se define una constante de equilibrio alternativa, únicamente cuando hay gases implicados, con presiones parciales:

ecuación 3

La instrucción consiste en sustituir p en bares… o en atmósferas. A esto último es posible objetar, siendo la presión estándar igual a 1 bar (IUPAC), pero sigue siendo una definición posible. Definida así, Kp no puede sino estar expresada en unidades de presión.

Y aquí llega lo divertido: decimos a los alumnos que Kc y Kp son adimensionales. Si en ese momento recuerdan la lección del Tema 1 de 4º de ESO, relacionado con las magnitudes y sus unidades, los estudiantes pueden quedar perplejos. Pero lo dejamos en un «esto es así porque es así», que es un motivo muy científico.

Después de todo, ¿cómo no va a ser adimensional Kp, cumpliendo esta relación?:

ecuación 5

(La cumple si hablamos de gases ideales y si las unidades de R son coherentes, claro.)

El argumento de un logaritmo no va a tener unidades. Pero, al mismo tiempo, Kc y Kp se relacionan mediante la ecuación:

ecuación 4

donde la constante de los gases (R) y la temperatura (T) tienen unidades. Pero… ¡Kc y Kp no! ¿[1] = [1] · [P·V/n]^(número entero)?

No se sostiene por ningún lado. Y, sin embargo, los alumnos que están cursando Bachillerato me insisten en el carácter adimensional de Kc y Kp. Después lo compruebo en sus libros de texto: sí, eso les enseñan. Divide bar^2 entre bar y obtén un resultado adimensional.

Magia.

 

Tratamiento correcto

En primer lugar, empezar por la seudoconstante de equilibrio en términos de concentración (eso es Kc, una seudoconstante) puede no ser lo más adecuado. El tema de Equilibrio debe proceder, no preceder, al de Termoquímica, de tal suerte que el alumno esté familiarizado con la energía libre de Gibbs estándar de una reacción.

La IUPAC llama K, constante de equilibrio termodinámica, a aquella que cumple:

ecuación 8

Alternativamente, podemos escribir o Kf, para evitar la confusión con otras constantes. Este es el principio, no el final. Esto es la definición de constante de equilibrio. Y, así definida (según la IUPAC), sí es adimensional.

¿Cómo calcularla si no disponemos de la energía libre de Gibbs? Si hablamos de gases ideales, K coincide con Kp definida tal que así:

ecuación 7

donde , la presión estándar, es 1 bar. Esta constante sí es adimensional. Su valor coincide con el de la Kp formulada antes si esta última se calcula y se expresa en bares. Con la constante de los gases, la temperatura y el aumento en el número de moles, obtenemos Kc en mol/L.

Pero, además, es posible hablar de una Kc adimensional:

ecuación 6

donde , la concentración estándar, es 1 mol/L. Presentar la seudoconstante Kc debería ser el último paso, no el primero.

No podemos pretender que Kc y Kp sean adimensionales si las definimos únicamente en términos de las concentraciones y las presiones parciales de los componentes, respectivamente prescindiendo de dividirlas por la concentración y la presión estándares. Podemos usar las Kc y Kp dimensionales, definidas como al inicio: es una opción. Pero si uno quiere ahorrarse las unidades, debe definirlas de este modo. No se puede tener todo.