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Siempre negativo, nunca positivo

A cualquier científico le gusta que le pregunten con qué está jugando. Por lo tanto, le gustará responder, siempre y cuando un molesto compromiso de confidencialidad no se lo impida. Y, además, le gustará que su receptor le entienda. Como consecuencia, numerosos investigadores en todo el mundo se dan el gustazo de divulgar sus actividades o descubrimientos. Algunos incluso cobran por ello.

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Excepto si estás desarrollando una máquina del tiempo. No friki. Phuwan.

El grupo del que formo parte lleva dos años y medio cationizando celulosa. Y no solamente celulosa pura, de la que se vende como un polvo blanco o como un montón de fibras blancas a laboratorios e industrias. Eso es jugar en modo Easy. También cationizamos residuos agrícolas después de quitarles la mayor parte de su lignina, que generalmente complica las cosas. Con las fibras cationizadas hacemos papel e intentamos convencer al MINECO, a la industria papelera y a los editores de revistas científicas de que todo esto sirve para algo.

No puedo decir qué es la cationización de celulosa sin decir que las fibras celulósicas (sin modificar), cuando están suspendidas en agua, presentan una carga (eléctrica) negativa.

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Singer, la tauromaquia y los huevos

Una de las tendencias de Twitter en España el 27 de agosto de 2016 ha sido #TuiteaComoUnTaurino. Los participantes han usado ese hashtag para ironizar con los argumentos, a menudo falaces, que frecuentemente esgrimen los partidarios de la tauromaquia. Uno de ellos puede formularse, entre múltiples corolarios: «Si no eres vegano, no te puedes quejar».

 

 

 

La ironía parece cumplir el fin de reducción al absurdo, pero no hay tal reducción. El argumento efectivamente puede encontrarse en serio y en sentido literal, pero minoritariamente en boca de taurinos.

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En busca de las unidades de las constantes de equilibrio

Una de las contradicciones más flagrantes y evidentes de los libros de texto de 4º de ESO y Bachillerato se encuentra con facilidad en los de Química o Física, en 4º o 1º, y de Química, en 2º de Bachillerato. A veces, los docentes caen en este error con facilidad, incluso en estudios superiores (no es el caso de mi profesor de Química Física en el curso 2008/2009, una persona realmente lúcida). Muchos alumnos acaban su carrera universitaria de ciencias o ingeniería con ideas erróneas sobre las constantes de equilibrio.

Uno puede abrir uno de esos libros por el tema de Equilibrio Químico, quizá Equilibrio a secas, y encontrar alguna reacción de ejemplo:

ecuación 1

Esto es una reacción reversible. Si esperamos un tiempo suficientemente alto a una temperatura dada, dejaremos de apreciar cambios en las concentraciones de N2O4 y NO2. Así, los libros definen una constantes «de equilibrio», Kc, de la siguiente forma:

ecuación 2

Es decir, un cociente donde el alumno debe introducir la concentración de cada especie cuando se ha alcanzado el equilibrio, siempre en mol/L. Definida así, Kc no puede sino estar expresada en mol/L, ¿verdad?

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El cuidado de la casa común

Aproveché la coyuntura de mi último viaje en AVE para leer la nueva carta encíclica papal: Laudato Si (descárguese o léase aquí). En internet podemos encontrar numerosos artículos que la resumen en diez, quince o veinte frases, o bien en alguna reseña inevitablemente marcada por el sesgo ideológico de quien la escribe; por ejemplo, la que está usted leyendo ahora. Yo recomiendo leer el texto, de 192 páginas, íntegro. No es prolijo, lo aseguro.
Casi al principio de la encíclica, Francisco I aclara quién es el destinatario de este texto: Cada persona que habita este planeta. En efecto, leerla completamente permite comprobar que es así. Es así porque el Papa es uno de los intelectuales más influyentes del mundo. Y porque Laudato Si no versa (apenas) sobre la Iglesia, sino sobre el planeta (“casa común”), el hombre y la vida.
Tras exponer brevemente el objeto, el autor hace ver que ya desde Pablo VI ha manifestado El Vaticano su preocupación por el desarrollo humano y su influencia sobre el ambiente. Francisco I sitúa sus antecedentes en esos pontífices, en el Patriarca Bartolomé y en nada menos que el misionero Francisco de Asís. Ello no significa, en modo alguno, que esta encíclica esté exenta de originalidad. Nunca la ICAR se había pronunciado tan explícita y contundentemente a favor de la protección del planeta, con las consecuencias que ello implica sobre el estilo de vida de todos y cada uno de sus habitantes.
Para comentar la carta, extraigo algunas frases destacables, pero no por ello fáciles de seleccionar. Insisto en que la lectura de unos pocos extractos aislados no sustituye la lectura del texto.

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