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¿Levantarnos del sofá?

En su último viaje a Polonia, Francisco I dejó un mensaje interesante, excelente y, a mi juicio, ambiguo. Ha dicho que no hemos venido a la vida para pasarla en el sofá; al contrario, debemos intentar dejar nuestra huella, ser activistas y pensadores, conseguir un mundo mejor y una economía basada en la solidaridad.

Lo cierto es que suscribo las palabras del Papa, aunque yo mismo confieso que encuentro el atractivo de la comodidad. Es digno de elogio hacer proselitismo de la implicación con este mundo, con esta casa común, como yo mismo he hecho en otras entradas. Sí, levantarse e implicarse, de una forma u otra, con las generaciones futuras, con el medio ambiente y con las personas que en la actualidad pasan por una situación de exclusión social.

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El cuidado de la casa común

Aproveché la coyuntura de mi último viaje en AVE para leer la nueva carta encíclica papal: Laudato Si (descárguese o léase aquí). En internet podemos encontrar numerosos artículos que la resumen en diez, quince o veinte frases, o bien en alguna reseña inevitablemente marcada por el sesgo ideológico de quien la escribe; por ejemplo, la que está usted leyendo ahora. Yo recomiendo leer el texto, de 192 páginas, íntegro. No es prolijo, lo aseguro.
Casi al principio de la encíclica, Francisco I aclara quién es el destinatario de este texto: Cada persona que habita este planeta. En efecto, leerla completamente permite comprobar que es así. Es así porque el Papa es uno de los intelectuales más influyentes del mundo. Y porque Laudato Si no versa (apenas) sobre la Iglesia, sino sobre el planeta (“casa común”), el hombre y la vida.
Tras exponer brevemente el objeto, el autor hace ver que ya desde Pablo VI ha manifestado El Vaticano su preocupación por el desarrollo humano y su influencia sobre el ambiente. Francisco I sitúa sus antecedentes en esos pontífices, en el Patriarca Bartolomé y en nada menos que el misionero Francisco de Asís. Ello no significa, en modo alguno, que esta encíclica esté exenta de originalidad. Nunca la ICAR se había pronunciado tan explícita y contundentemente a favor de la protección del planeta, con las consecuencias que ello implica sobre el estilo de vida de todos y cada uno de sus habitantes.
Para comentar la carta, extraigo algunas frases destacables, pero no por ello fáciles de seleccionar. Insisto en que la lectura de unos pocos extractos aislados no sustituye la lectura del texto.

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