El día que voté la Constitución

Al igual que Rajoy, dejó de contestar las preguntas de los periodistas, pero siguió saliendo en la pantalla. En 1978, no eran pocos los españoles que se preocupaban por su salud. Hoy en día, parece que algunos solo se acuerdan de Franco cuando hay subvenciones para encontrarlo.

Tengo 29 años, soy español y me dedico a la investigación. Pero el dato más sorprendente sobre mí es que, a pesar de todo ello, resido en España. Si eso no es patriotismo… ¡no sé qué puede serlo!

Como buen patriota y demócrata, hoy, 6 de diciembre, tengo el pecho henchido de orgullo y satisfacción. Y es que tal día como hoy, hace 39 años, ni siquiera me fui de puente como hacían casi todos los madrileños el Día de la Constitución. En vez de eso, madrugué, desayuné con toda premura mientras veía en Antena 3 a Carrascal decir que la culpa de todo en los noventa sería de Felipe González, y a las once y media ya estaba leyendo con detenimiento la papeleta. Rezaba algo así como:

¿Está Vd. a favor de la Constitución Española, el destape, la televisión en color, la lectura, el ir a la Universidad sin recibir palizas y el Rey, y cree que su preferencia será aplicable para todas las generaciones futuras?

Voté SÍ con convicción, aunque sugerí 834 enmiendas que introduje en el sobre junto con la papeleta. Una de ellas era el Artículo 155.

Recuerdo que hacía frío. Sí, estoy seguro de ello. Al menos, chaqueta llevaba.

Muchas cosas pasaron aquel año 1978. Chicho Ibáñez Serrador producía un programa de televisión, la reina Victoria de Inglaterra seguía muerta, los catalanes hacían cosas, Kurt Cobain conocía a Courtney Love, Courtney Love conocía Ibiza, Miguelín Duráin ganaba su primer tour y Louis Armstrong llegaba a la Luna… tras el intento frustrado de otro Luis sobre el que prefiero no bromear porque los juzgados me pillan lejos de casa.

¿Cómo poder olvidar la ilusión que compartíamos todos los españoles en aquella época? Y no era para menos. Llevábamos 40 años (¡cuarenta!) de socialdemocracia, lo que implica que Franco, ese socialdemócrata, había sido reelegido al menos 9 (¡nueve!) veces. Pero durante su última legislatura se le veía cansado, demacrado; parecía estar siguiendo un duro régimen…

espinete
Los Padres de la Constitución deliberan sobre las disposiciones generales.

Al igual que Rajoy, dejó de contestar las preguntas de los periodistas, pero siguió saliendo en la pantalla. En 1978, no eran pocos los españoles que se preocupaban por su salud. Hoy en día, parece que algunos solo se acuerdan de Franco cuando hay subvenciones para encontrarlo.

El ejemplo español pasará a la Historia como un ejemplo de transición ejemplar desde la socialdemocracia más implacable, en la que todos los españoles eran obligados a pagar los innumerables pantanos que hacía Franco, hacia la democracia ejemplar que disfrutamos ahora. Una transición modélica, pacífica, sin incidentes.

Toda España, sin excepción, aceptó hacer sacrificios por igual en 1978. Los devotos del Evangelio de San Juan aceptaron dejar de usar el águila en la bandera, que nunca jamás se volvió a ver. A cambio, los comunistas aceptaron dejar de violar sacerdotes, quemar monjas y matar iglesias, desmantelaron todos los gulags y chekas que tenían por todo el territorio nacional, y cortaron relaciones con Stalin. Todos, sin excepción, hicieron una fuerza nueva para darse la mano y vivir en paz y sin ira.

Pero hacía falta una Carta Magna que reflejara ese consenso absoluto e inmutable; una ley fundamental que, junto con la bandera, protegiera nuestros derechos y nuestras libertades. Dicen que la revelación le llegó a don Juan Carlos I (que, no olvidemos, podría haber tenido poder omnímodo si hubiera querido) en Grecia, mientras apacentaba el rebaño de su suegro. Cuentan que Zeus se transfiguró en elefante para seducirle, y le dijo:

Juáncar, aquí tienes mi regalo para todos los españoles: la democracia. Ve y llévasela, y elige a los siete españoles más capaces para que redacten la Constitución que la garantizará por los siglos de los siglos.

Y así lo hizo don Juan Carlos, y nombró a los Siete Padres de la Constitución: Fernando Arrabal, José Luis Moreno, Mercedes Milá, Arévalo, Manuel Fraga, Pablo Motos, Leticia Sabater y Albert Rivera. Sí, son siete.

Me despido con una de las canciones que más me motivaron para votar SÍ en 1978.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s