Proyecto 17

Cuando el reloj de la Puerta del Sol marcó el inicio del nuevo año hace 17 días, numerosas mentes españolas elucubraron propósitos de lo más variopinto: cuidar bien de la pareja, de nuestros mayores y/o de los hijos; apuntarse al gimnasio, perder unos kilitos; encontrar un buen trabajo, mejor aún si incluye un buen sueldo; dejar el tabaco o alguna otra adicción, e incluso ser feliz.

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En esta entrada propongo que nos propongamos otro tipo de proposiciones. Porque eso de cuidarse, mostrar amor a la familia y enfrentarse a los propios problemas está muy bien, pero también hemos de enriquecer nuestras almas. Y donde digo alma, puede leerse neocorteza cerebral o lo que se prefiera en cada caso. Porque si no te culturizas, al final acaba el año y te das cuenta de que no has hecho más que trabajar y disfrutar de la vida. Y eso es algo muy triste.

Iré actualizando los distintos epígrafes con un pequeño comentario para cada objetivo.

I. Leer, al menos, 17 libros a lo largo de 2017. Narrativa, ensayo, lírica: vale todo.

  • Reflejos de absenta, de Alexis Falkas. Me tocó en un sorteo (gracias a @AlexMorenoJ) y a Fortuna no se le hace un feo. Una novela indie muy ágil sobre un escritor que escribe sobre un escritor que resulta que en realidad es… Ahí lo dejo. Disfruté particularmente el final, una sucesión de giros argumentales hasta la última página.
  • The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy, de Douglas Adams. En el plano narrativo, es una aventura divertidísima. El humor blanco abunda más que en las novelas de, por ejemplo, Terry Pratchett, pero el humor ácido, mordaz, irreverente y, en una palabra, inglés, tiene una presencia nada desdeñable. La mofa del antropocentrismo, reducido al absurdo durante toda la obra, es brillante.
  • Madreselva, de Emmanuel Marzía. Otra novela indie, pero con nula promoción en internet (ni siquiera por parte del autor). Me gustó la caracterización de los personajes, unos miserables forros (ya que se trata de una narración argentina) muy distintos entre ellos: odio, manipulación, mentira, obsesión, venganza, corrupción… Ahora bien, no me gustó nada la forma de llevar los diálogos.
  • Los justos, de Albert Camus. Corto libro, larga función teatral. Cinco actos con Yanek, Dora, Boria, Voinov y Stepan, unos terroristas en las vísperas de la Revolución Rusa con unos conflictos intra e interpersonales que Camus expone de forma magistral.
  • El guardían invisible, de Dolores Redondo. La exposición de la mitología vasco-navarra, la descripción de los paisajes y el personaje de Amaia Salazar son ingredientes encantadores. Otras cosas no han sido de mi agrado: una trama policíaca mediocre, diálogos en los que unos personajes prolijos se explayan con la inconveniente intención de informar al lector, importantes personajes sin sombras, desenlace precipitado…
  • La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. De las novelas suelo destacar la trama, pero en Ruiz Zafón he de mencionar su calidad como escritor. ¡Qué buen uso del lenguaje! ¡Qué personajes tan encantadores en la Barcelona de los años cincuenta! En lo que respecta a la acción (introducción, nudo, desenlace), no obstante, no me parece nada del otro mundo. Demasiado predecible, quizás.
  • Veinte poemas de amor y una canción desesperada | Los versos del capitán, de Pablo Neruda. La edición aunaba composiciones de la adolescencia del poeta (etapa neorromántica) y poemas de su madurez (etapa vanguardista).
  • Firefight, de Brandon Sanderson. Segunda parte de The Reckoners, una refrescante y dinámica serie literaria de héroes muy humanos y gente con superpoderes que, de forma más natural que en los típicos cómics de superhéroes, tiende a la arrogancia y al afán de poder.
  • El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón. La segunda parte de El cementerio de los nuevos olvidados comienza de manera muy similar a la primera, pero cada vez se torna más distinta. Cronológicamente, tiene lugar un par de décadas antes. El protagonista resulta más interesante y, a diferencia del anterior, tiene un desarrollo muy notable. Los últimos capítulos, ahora bien, son demasiado peliculeros para mi gusto.
  • Batman: The Killing Joke, de Alan Moore y Brian Bolland. No es de los mejores cómics de Alan Moore. Resulta interesante empatizar con una de las versiones más humanas (sin dejar de ser cruel y sádico) de The Joker, eso sí. Y el final, para bien o para mal, es enigmático.
  • The Unholy Consult, de R. Scott Bakker. Se trata del cuarto libro de The Aspect Emperor y, a la vez, del séptimo libro de una gran serie, The Second Apocalypse. Ahora que ha concluido esta tetralogía, he de decir que no está la altura, en términos de calidad, de la trilogía The Prince of Nothing. Los dioses adquieren tal relevancia que, a mi juicio, llega a contradecir el marco narrativo de los primeros libros. También decae en personajes. ¿Una recomendación? Leer The Prince of Nothing. Siempre. Obra maestra.
  • Cuando me veas, de Laura Gallego. Excelente y nuevo exponente de literatura juvenil. Si fuera profesor de Lengua en Secundaria, se lo recomendaría a mis alumnos. Acoso escolar, acoso callejero, racismo, machismo, xenofobia, islamofobia, posesividad en las relaciones de pareja, estereotipos, padres que controlan y desmotivan, delincuencia juvenil… Y el final es demoledor.
  • Anastasia Krupnik: Anastasia Again, de Lois Lowry. Pido perdón a los lectores adultos de este blog por reseñar brevemente un libro para niños. Pero se da la circunstancia de que esta serie literaria comenzada en 1979, Anastasia Krupnik, es particularmente divertida y sorprendente para su época.
  • Anastasia Krupnik: Anastasia at Your Service, de Lois Lowry. Vuelvo a disculparme por recomendar otro libro para niños, de la misma serie y de la misma autora. Pero… ¡es tan fresco y encantador! Anastasia, a sus doce años de edad, comienza a trabajar para una señora rica, y la situación genera puntazos de humor, crítica social y ternura.
  • After the End, de Amy Plum. Una novela con un planteamiento excelente, una protagonista muy interesante, un desarrollo no especialmente convincente y un desenlace incompleto que compele a leer la segunda parte: Until the Beginning. Pero ni la acción ni la extensión del libro, y tampoco su precio (usual para el número de páginas) justifican la división en dos entregas.

II. Visualizar, al menos, 17 largometrajes a lo largo de 2017. Comedia, drama, suspense, documental: vale todo.

  • Vaiana, dirigido por Ron Clements y John Musker. Disney lo ha vuelto a hacer. La Frozen tropical presenta a una princesa valiente, independiente y heroica, entre canciones pegadizas (¡una de ellas está parcialmente en tokeluano!) y una calidad visual impecable.
  • La La Land, dirigido por Damien Chazelle, con música de Justin Hurwitz. Tras un inicio constituido principalmente por tópicos, aunque amenizados con buenas canciones y coreografías bien trabajadas, la historia verdaderamente llega a emocionar. ¡Qué buena actuación de Emma Stone!
  • Requisitos para ser una persona normal, dirigido por Leticia Dolera, que también encarna a la protagonista. No es una comedia para partirse de risa. Es una comedia con mensaje, con moraleja pero sin moralina. Un mensaje muy necesario, un mensaje relacionado con nuestros complejos y nuestras ideas de «triunfar en la vida» que nos proporcionan excusas para no ser felices.
  • Split, dirigido por M. Night Shyamalan. A mi juicio, en términos de guion no llega al nivel de Unbreakable, pero James McAvoy encarna a un villano encantador. Y es que a algunos malos se les coge cariño, a otros se les odia, de otros se siente compasión, otros hacen gracia; amparado en un caso extremo de transtorno de personalidad múltiple, Shyamalan presenta todos esos tipos de villano en uno.
  • The Perks of Being a Wallflower, dirigido por Stephen Chbosky. Es un drama juvenil que, por no tener propiamente nudo y desenlace, podría catalogarse como lo que se denomina slice of life. Los personajes principales, tres adolescentes, están muy bien caracterizados. No está mal.
  • The Dreamers, dirigido por Bernardo Bertolucci. De mis mejores descubrimientos. Dos hermanos que mantienen una relación semi-incestuosa en el París de 1968 aceptan «de los suyos» a un estudiante estadounidense. Los tres son cinéfilos y reproducen en sus costumbres, como forma de vida, escenas del cine clásico. Eva Green, espectacular.
  • This is the End, dirigido por Evan Goldberg y Seth Rogen. Loquísima comedia americana, más allá de lo típico. Las conversaciones entre Jay Baruchel y Seth Rogen resultan genuinamente naturales, pese a todos los elementos absurdos que incorporan.
  • El guardián invisible, dirigido por Fernando González Molina. La película es una buena adaptación de la parte mala de la novela, pero omite casi todo lo relativo a la mitología. Omite, pues, lo que hace especial a la obra que pretende adaptar. Nada recomendable.
  • House of 1000 corpses, dirigido por Rob Zombie, quien, además de dirigir, produce, escribe el guion, actúa en uno de los roles más importantes y se encarga de la música. Ni es una obra maestra ni pretende serlo, aunque hay quien la considera una película de culto.
  • Womb, dirigido por Benedek Fliegauf. Una película inequívocamente europea, experimental, de ritmo lento y gran dirección artística. En un futuro próximo, la clonación humana es legal (aunque socialmente mal vista) y algunas personas la ven como una suerte de revivir a seres queridos que han fallecido. De nuevo, una actuación excelente de Eva Green; Matt Smith, sin embargo, resulta decepcionante.
  • Die Welle, dirigido por Dennis Gansel. Imprescindible para cualquier ciudadano de un país democrático. Está basada en un experimento social real, en un profesor que intentó mostrar a sus alumnos por qué la democracia no está asegurada, por qué el pueblo alemán apoyó la deriva del gobierno nazi… y por qué tal cosa podría volver a ocurrir. Magnífica película.
  • Animal Farm (1999), dirigido por John Stephenson. En general, es una buena adaptación de la novela de George Orwell, pero el tiempo que tarda en presentarse el nudo de la historia ya me dio a entender que algunas cosas ciertamente relevantes quedarían excluidas. Y, sin embargo, la película se alarga con un final à la Hollywood innecesario.
  • Le Trou, dirigido por Jacques Becker en 1960. ¡Imprescindible para cualquier aficionado a las películas carcelarias! El espectador empatiza fácilmente con los presos que procuran su fuga; cada miembro del grupo está adecuadamente diferenciado y caracterizado, con sus luces y sus sombras. Pero aún más destacable es cómo está cuidado hasta el último detalle del plan. Excelente dirección.
  • Your Name, de Makoto Shinkai. Una chica de un área rural de Japón y un chico de Tokio intercambian sus cuerpos en sueños. Con la correcta coordinación, esto les permitirá evitar un desastre natural… ¿o no? Incuestionablemente, la animación es excelente y la banda sonora es maravillosa. Algunas decisiones de guion son discutibles, pero consigue llegar al corazón.

III. Terminar, al menos, 17 videojuegos (con desenlace) a lo largo de 2017. Aventura, rol, acción: vale todo.

  • Life is Strange, dirigido por Michel Koch y Raoul Berbet, con una meritoria banda sonora compuesta por Jonathan Morali. La aventura desarrollada por Dontnod y publicada por Square-Enix involucra puzles, viajes en el tiempo y personajes memorables, llegando a lo psicodélico al final.
  • Bravely Second: End Layer, dirigido por Kensuke Nakahara. Más allá de simples reminiscencias, el sistema de juego devora y amplía todo lo que fue el gran Final Fantasy V (1992). Pero aquel no tenía voces, y este juego… ¡qué buen doblaje! Personalmente destacaría a Casandra Lee Morris, que dobla a Edea Lee. Interesantes rupturas de la cuarta pared.
  • Professor Layton and the Unwound Future, dirigido por Usuke Kumagai y Jun Suzuki. El mejor de la trilogía de Nintendo DS. Además de la resolución de 175 o más puzles, el juego de Level 5 utiliza más cinemáticas y diálogos que nunca para mostrar una historia con momentos sorprendentemente emotivos y épicos.
  • Silent Hill: Shattered Memories, dirigido por Mark Simmons. El suspense adquiere más peso que el terror en la búsqueda de su hija que emprende Harry Mason. Del jugador se requiere sentido de la orientación, resolución de puzles y habilidad para esquivar a los enemigos. Importantes defectos del juego, como la nula variedad de enemigos (¡uno!), quedan compensados con un final chocante.
  • Project Zero 2, dirigido por Makoto Shibata. Pese a un control innecesariamente tosco (tipo tanque), escasez de puzles y desenlace literalmente anunciado, esta contribución al terror japonés consigue su objetivo primario: dar miedo. Mi tensión y mis sustos también consiguieron hacer reír a mi acompañante.
  • Super Mario 3D Land, dirigido por Koichi Hayashida. Nintendo hizo para 3DS la mejor entrega de Mario en cualquier consola portátil. Fue muy gratificante terminar los 42 niveles normales y los 40 niveles especiales.
  • Shadow Complex, dirigido por Donald Mustard. Como producción independiente, su mérito y su originalidad son innegables, pero ciertas pretensiones se quedan cortas. La historia de infiltración, que se complementa con una novela, no combina bien con una jugabilidad basada en la acción.
  • Professor Layton and the Spectre’s Call, dirigido por Usuke Kumagai. Como siempre, más de 100 puzles consiguen exprimir el ingenio del jugador. Sin embargo, de 13 capítulos pasamos a 10, de una encantadora Londres volvemos a un pueblo ficticio y la historia no consigue emocionar tanto como la de Futuro perdido.
  • Devil May Cry 4, dirigido por Hideaki Itsuno. Concretamente, la edición especial. De veinte misiones, las primeras once o doce resultan excelentes. A partir de ahí, los puzles se convierten en algo anecdótico, todo el peso recae sobre la acción (bien planteada, eso sí, con una jugabilidad muy técnica), se repiten jefes y situaciones…
  • Star Fox 64 / Lylat Wars, dirigido por Takao Shimizu. Shoot’em up corto y directo pero difícil y gratificante, con múltiples rutas. Me costó obtener el final bueno. Conseguir buenas puntuaciones, por otro lado, es algo que dejo a otros. No lo pondría por encima de los Star Wars: Rogue Squadron.
  • Resident Evil, dirigido por Shiji Mikami. Por primera vez en mi vida, este año me ha dado por el subgénero de la aventura denominado survival horror. El término no existía antes del lanzamiento de este juego, que es excelente. Ante todo, destaco el diseño de la mansión y alrededores, básicamente una intrincada mazmorra llena de puertas cerradas y puzles. Mi miedo ha sido superado por mis aplausos.
  • Shantae: Half-Genie Hero, dirigido por Matt Bozon. Half-Genie Hero utiliza una fórmula distinta a la de su predecesor: un juego de aventura-plataformas al estilo de Metroid se convierte en un juego de acción-plataformas más directo, pero aún con backtracking.
  • Dragon Quest V, dirigido por Manabu Yamana y Yuji Horii en 1992. Le ocurre lo mismo que a su coetáneo Final Fantasy V: el no ser olido en Occidente hasta el siglo XXI le privó de la enorme apreciación que merece. ¡Todo un exponente del rol japonés! Una buena historia desarrollada a lo largo de muchos años, un combate basado en stat boosting e incluso un sistema de colección y manejo de mostruos.

IV. Escuchar, al menos, 17 álbumes de música a lo largo de 2017. En este caso, no me atrevo a concluir que valen cosas como: Es el baile del verano, con la Leti, tiki taka, tiki taka.

  • Slaves and Masters, de Deep Purple. Considerado generalmente uno de los peores discos de los ingleses, ha tenido, a mi juicio, una valoración injusta. Puede que no tenga la voz que esperas (Joe Lynn Turner, de Rainbow), ni la contundencia que esperas de DP, o que las letras sean banales. Yo… he disfrutado escuchándolo.
  • Cuando no te pones falda, de Sínkope. Primer disco que escucho de este grupo de rock de este país. Me han sorprendido las letras de Vito, llenas de significado y con un enfoque mucho más lírico de lo que intuía.
  • Brave New World, de Iron Maiden. Había escuchado ya aproximadamente la mitad del álbum, pero en forma de temas sueltos (The Wicker Man, The Mercenary, Dream of Mirrors…). No obstante, soy partidario de escuchar los álbumes de una sentada, hasta el punto de que no me suelo permitir separar criminalmente los temas de un disco con personalidad sin escucharlos todos antes para confeccionar arbitrariamente una lista de reproducción. Al final he saldado esta deuda y, francamente, concluyo que es uno de los mejores trabajos del grupo británico.
  • The Ashtonishing, de Dream Theater. El nombre le viene al pelo. Su composición, verdaderamente impresionante y refrescante, aprovecha el virtuosismo de cada miembro del grupo, incorpora nuevos sonidos instrumentales y recurre a coros masivos. El álbum, con una duración que supera las dos horas, va más allá del metal progresivo de Awake o Train of Thought, pareciendo no querer circunscribirse en un género concreto.
  • Contratiempo, de Gritando en Silencio. Me alegro de haber descubierto este grupo de rock español. No sé si es su mejor álbum, pero es enorme. Letras llenas de significado, de gran valor literario; buena composición instrumental; buena voz; buena producción.
  • Desire, de Bob Dylan. Probablemente, de lo más alocado, arriesgado, variado, narrativo y receptivo a influencias del reciente Premio Nobel. Al escuchar por vez primera el disco completo, solamente reconocía la mítica (y polémica) Hurricane.
  • La última bala, de Iratxo. Sigo con mi particular aprendizaje sobre rock urbano español, en este caso con notables influencias de ska y reggae. Mi tema favorito, Podar el Rosal.
  • Avalancha, de Héroes del Silencio. Álbum particularmente rockero de Enrique Bunbury, Juan Valdivia y compañía. Aunque está lejos de ser el más exitoso, le he cogido un cariño particular. Hasta este disco, casi todo lo de Héroes me sonaba demasiado similar.
  • Canción animal, de Soda Stereo. Se trata del quinto álbum de estudio de esta famosa y talentosa banda argentina. Muchos lo consideran el comienzo de la madurez del grupo. Casi todas las canciones son por sí mismas éxitos, lo que resulta ciertamente meritorio.  Enorme disco.
  • Rock n’ Roll Animal, de Lou Reed. Sencillamente, debe ser escuchado. Y debe ser escuchado de principio a fin, comenzando por esa introducción. Lou Reed rescata éxitos suyos, incluyendo temas de The Velvet Underground, que suenan mejor que nunca.
  • Into the Wild Life, de Halestorm. Disco irregular, con temazos como I Am the Fire, Dear Daughter, Mayhem, y… otras cosas que el grupo de los hermanos Hale debe corregir en su próximo álbum. Ahora bien, la voz de la vocalista sigue siendo brutal.
  • Agila, de Extremoduro. En su momento, sin espacio para la duda, fue el disco con mejor producción del grupo de Roberto Iniesta (Robe). En cuanto a la composición musical y lírica de las pistas, cada uno tendrá su opinión. La mía es muy positiva. Es un discazo sin fisuras.
  • Viktoria, de Maria Mena. Algo muy distinto a todo lo anterior que he listado. Una voz dulce, unas letras cargadas de sentido y emoción, un hermoso piano. Destacaría el tema Am I Supposed to Apologize, evidentemente dirigido a su madre noruega. De hecho, Viktoria es el nombre que la madre puso a la actriz a los diez años, como cuenta en la canción homónima.

V. Asistir a, al menos, 17 seminarios de ciencia o humanidades, exposiciones en museos o foros, visitas guiadas o cursos no obligatorios.

  • Quantum Mechanics of Molecular Structures, impartido por Kaoru Yamanouchi. Un curso que ha mejorado sustancialmente mi interpretación de espectros de absorción en las regiones IR y visible. También me ha hecho descubrir la difracción de electrones, cuyos patrones de interferencia son inesperadamente divertidos.
  • ¡Sorpréndeme!, una exposición de Philippe Halsman en el CaixaForum de Madrid. El talento, la lucidez, el sentido del humor y el afán de trabajo del fotógrafo, en efecto, me sorprendieron. Ingeniosas imágenes de Salvador Dalí, Fernandel, Audrey Hepburn, Marilyn Monroe y Alfred Hitchcock, entre otros inmortales.
  • The art of the Brick, en el teatro Fernán Gómez. Representación artística del universo DC Comics, particularmente de La Liga de la Justicia, con las clásicas piezas de Lego. Como inconveniente, ciertamente esperaba encontrar más personajes de DC, pero la obra se centra únicamente en Superman, Batman, The Flash, Wonder Woman, Green Lantern y Cyborg.
  • The Jack the Ripper Tour, en el este de Londres. La guía era una mujer simplemente maravillosa. Durante al menos una hora y media, nos llevó por zonas otrora oscuras de la capital británica, proyectando sobre las paredes fotografías de las víctimas canónicas y exponiendo las distintas teorías sobre un cruel asesino en serie jamás capturado.
  • We/Code, de Ironhack. Curso intensivo de HTML y CSS en un solo día. Incluía un concurso consistente en diseñar una web conocida; me fui a lo más difícil, estúpidamente, y opté por Spotify. En el blanco de la letra se parecían.
  • Cursos de interpretación: Iniciación al teatro, en el teatro Lagrada (distrito Arganzuela). Fui a clases de teatro en mi instituto, pero decir que aprendí a interpretar sería tan presuntuoso como generoso sería decir que me enseñaron. Este curso, además de hacerme aprender, me resulta muy divertido.
  • Los módulos de unión a colina de neumococo como herramientas multiuso en estructura y biotecnología de proteínas, del profesor Jesús M. Sanz, en el Centro de Investigaciones Biológicas (CSIC). Buena exposición de las investigaciones recientes de un pequeño y audaz grupo de biotecnólogos en la Universidad Miguel Hernández de Elche.
  • Curso de voluntariado, de Solidarios.org. A saber: cuál es el espacio del voluntariado, qué condiciones tiene según la legislación y por qué no puede reemplazar los servicios públicos que deben ser ofrecidos por el Estado.
  • Nuevas estrategias de la lucha contra las ‘superbacterias’, de la doctora Itziar Alkorta. El profesor Sanz ya me había transmitido la preocupación por la resistencia a los antibióticos en muchos países desarrollados (principalmente EEUU, España, Francia). Una estrategia necesaria es persistir en el desarrollo de nuevos antibióticos, pero por sí sola no puede más que postergar la aplicación de verdaderas soluciones. La profesora Alkorta, de forma muy interesante para con el público, nos expuso las hipótesis, sugerencias y resultados de su grupo de investigación.
  • Arte y cine: 120 años de intercambios, en el CaixaForum de Madrid. Cómo los hermanos Lumière aprendieron de los artistas impresionistas de finales del siglo XIX, y cómo el cine fue progresivamente influyendo en la pintura. Cocteau, Dalí, Ernst, Buñuel, Hitchcock, Duchamp y Lynch, entre otros, tienen un papel fundamental en la exposición.
  • Amnistía, que trata de España, en el Museo de Historia de Madrid (o Municipal). La exposición gratuita que me descubrió a Juan Genovés. Y me encanta. Básicamente, el museo reunió obras expuestas en el evento homónimo que el PCE y Comisiones Obreras idearon para tener lugar en Milán en 1972.
  • ¡Agón! La competición en la antigua Grecia, en el CaixaForum de Madrid. Realmente, la exposición no estuvo tan centrada en el deporte como se sugería. Mejor: había mucho que extraer sobre la mitología griega y la axiología de la sociedad en aquella época.
  • Portugal dos Pequenitos, en Coímbra. Es la tercera vez que visito la creación del arquitecto Bissaya Barreto. El asistente es bienvenido con exposiciones relativas a las colonias que Portugal mantuvo hasta finales de los noventa. Pero lo realmente genial es la composición de enormes maquetas con elementos de distintos edificios emblemáticos del país. Dicen que es especialmente recomendable para niños, pero yo iría por mi cuenta todos los años si pudiera. No sé qué conclusión extraer.
  • Paseo en moliceiro por los canales de Aveiro. La actividad turística más popular en la ciudad, como suele ocurrir, no es la mejor. El viaje en moliceiro es corto y relativamente caro, la cantidad de canales es escasa y las mejores vistas, las casas de Arte Nova, se contemplan mejor en un paseo a pie por esas tranquilas calles. El dinero estará mejor invertido en un bacalhau com natas en el restaurante Adriano.

VI. Asistir a, al menos, 17 espectáculos en directo: danza, teatro, música. Los ensayos de funciones teatrales, los monólogos y los conciertos quedan incluidos.

  • Coolturetas Comedy, la Noche de Joan Pico, presentado (evidentemente) por Joan Pico. Siete monólogos humorísticos (uno de ellos, de propina), más de dos horas pasándolo bien. Lo único malo que puedo decir es que comenzó con un notorio retraso, posiblemente incitado por el local para que los clientes consumieran. Me encantó el monólogo de Borja Sumozas, brillante.
  • Un obús en el corazón, del dramaturgo canadiense Wajdi Mouawad, interpretado espléndidamente por el actor nacido en Beirut Hovik Keuchkerian (de madre española). Literato y monologuista, ambos de origen libanés y exiliados a raíz de la guerra que asoló el país, generan un drama desgarrador. Era solo natural escuchar llantos en el teatro.
  • Concierto de Sínkope en la sala Penélope. Vito se gana a la gente allá donde vaya con su voz característica, su impecable directo, sus dotes de showman, el sentimiento que pone y el que contienen las canciones que compone.
  • Corta el cable rojo, improvisación de Carlos Ramos, José Andrés y Salomón. ¡Hacía tiempo que no me reía tanto! La división de ambos actos en diferentes números de improvisación, una improvisación rigurosamente probada por el hecho de adaptarse a las tarjetas y los tuits que escribe el público, aportó variedad y frescura respecto a espectáculos similares a los que he asistido en el pasado.
  • Para seguir viviendo, de Antonius Bloc. Teatro indie, con participación de un sinfín de estudiantes de la URJC. A pesar de algunos ingredientes geniales, no concluí que la obra quedara a la altura de su propia ambición.
  • El pintor de batallas, de Antonio Álamo, adaptando la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte. ¡Espectacular interpretación de Alberto Jiménez como Ivo Markovic! Rebellón, sin embargo, no consigue transmitir tanto al retratar las sombras del pasado del fotógrafo más famoso de las guerras de los Balcanes.
  • Lástima que sea una puta, adaptación de Lidio Sánchez Flores de la obra original de John Ford (dramaturgo) en el siglo XVII. Resultó divertido mezclar la Italia renacentista con elementos actuales.
  • Entre cuernos y celos, una adaptación de los Entremeses de Miguel de Cervantes, a cargo del grupo de teatro Zurdos Contrariados. La intención del grupo, cuya interpretación fue muy buena, es mostrar el riesgo al que se aventuraba Cervantes en plena época de Santa Inquisición.
  • Mattatore, texto y actuación de Claudio Bandini. ¡Con qué fuerza encarna a su admirado actor y director Vittorio Gassman! Especialmente recomendable para otros actores que hayan pasado por crisis relativas a su profesión. O por crisis, en general.
  • Pictogramas, función dirigida por Carlos Alonso Callero, inspirada en la obra homónima de Tomás Afán. Dos personajes desarrollan un diálogo… de monólogos, pues el hijo es autista. Los actores, Aníbal Fernández y Pilar Hernández, están brillantes.
  • Música e ciência, en la Universidad de Aveiro. Se trató de un concierto de la Orquesta Metropolitana de Lisboa con la dirección y ponencia de Pedro Amaral. Básicamente, tocaban la primera sinfonía de Johannes Brahms, que el director llegó a considerar la décima sinfonía de Beethoven. Pero no era un concierto típico, ya que la música se alternaba con los extensos discursos del señor Amaral sobre la narrativa de la música.

VII. Leer, escuchar o visualizar, al menos, 17 artículos, entradas de blog, podcasts o conferencias: de investigación, de divulgación científica, de cualquier rincón de la physis donde alcance la sophia y podamos expresar mediante el logos.

  • Study of thermodynamic properties of various allomorphs of cellulose, de Michael Ioelovich en ChemXpress. Hilando muy fino, el autor aborda la entalpía de formación estándar y la energía libre de las (no muy) distintas formas cristalinas que adopta la celulosa.
  • Grafeno y siliceno, vaya par de gemelos, de J.M. López Nicolás en La Verdad. Carbono contra silicio, grafeno contra siliceno y un visitante inesperado al final del artículo: el siligrafeno, recientemente descubierto. Imprescindible lectura para cualquier persona mínimamente interesada en la ciencia de los materiales.
  • El homo erectus caminaba como nosotros, de Alec Forssman en National Geographic. Huellas de hace 1,5 millones de años son sorprendentemente parecidas a las nuestras. En líneas generales, es posible que el homo erectus fuera más similar al homo sapiens sapiens de lo que tradicionalmente hemos asumido.
  • Idealized powder diffraction patterns for cellulose polymorphs, de Alfred D. French en Cellulose (Springer). La cristalinidad de la celulosa, su polimorfismo, la asignación de índices de Miller y el tamaño de los cristalitos necesitaban una convención. A falta de una norma internacional, los científicos han interpretado los patrones de difracción de rayos X de forma tremendamente dispar, dificultando mucho el entendimiento entre pares. La propuesta de French me parece la mejor y es la que estoy siguiendo congruentemente en mis últimos artículos.
  • Non-wood fibre and global fibre supply, de H. Pande para la FAO. El artículo data de 1998 y resulta excesivamente optimista en las predicciones del uso de fuentes de fibras alternativas a la madera en Occidente. ¡Hasta 5,4 millones de toneladas en Europa en 2010! La realidad fue peor que su peor escenario.
  • How healthy is your ice cream?, de Be Food Smart. Cómo distinguir un helado indudablemente saludable de uno no tan conveniente. Sin obsesionarse por los aditivos, por favor.
  • Shermer’s Last Law, del propio Michael Shermer. Hipótesis trasladadas de la ficción al mundo real para ilustrar el conflicto entre religión y ciencia. Básicamente, “su ley” afirma que una inteligencia extraterrestre que contactara con nosotros sería indistinguible de la deidad.
  • Difficult furnishes, de Martin A. Hubbe en Tappi Proc. Devoré ese artículo. A pesar de ser una publicación alojada en un medio técnico, dirigido a fabricantes de papel e investigadores en ese mismo tema que tienen una formación específica, la exposición del editor jefe de BioResources es clarísima. Muy buen divulgador.
  • Microbial Reconstitution Reverses Maternal Diet-Induced Social and Synaptic Deficits in Offspring, de Shelly Buffington et al. en Cell (Elsevier). Lo conocí por una buenísima entrada de La ciencia y los demonios. Entre otras cosas, trata la influencia de una dieta baja en grasas por parte de la madre en el comportamiento social de la cría (ratones), mediante el impacto en la flora microbiana.
  • Los chimpancés muestran un sentido de justicia ancestral, de Alec Forssman en National Geographic. Los chimpancés no comparten sus recompensas, pero se enfadan con un experimentador humano, llegando a tirarle el premio a la cara, si consideran que este premio es injusto, de muy baja calidad, en comparación con el recibido por un compañero por el mismo mérito. Curiosamente, no se enfadan si el dador de la recompensa es una máquina.
  • Characterization of archaeological frankincense by gas chromatography–mass spectrometry, de Carole Mathe et al. en Journal of Chromatography A (Elsevier). Los autores rescatan una vasija entregada como regalo funerario a la princesa Sat-mer-Hout, de la duodécima dinastía del Antiguo Egipto, hace aproximadamente 3900 años. Mediante espectrometría de masas, identifican compuestos triterpénicos y ácidos grasos que arrojan luz sobre la elección de materiales de los egipcios.
  • El 40% de los varones españoles y portugueses desciende de un antepasado común de hace 4.500 años, anónimo, en National Geographic. No es un buen artículo de divulgación, a mi juicio. Empieza mal: Un solo cromosoma, el Y, hace que los hombres sean hombres. Eso no es cierto; independientemente de las ideologías, es falso que el ser asignado varón dependa exclusivamente del cromosoma Y. El autor, que no facilita su nombre, tampoco facilita un vínculo al estudio. Finalmente, el lector sin conocimientos de genética extrae lo mismo del título que de todo el artículo.

Tengo además otros objetivos personales, difícilmente extrapolables. Quiero publicar o comunicar, al menos, 17 contribuciones científicas de cualquier tipo y formato (no necesariamente artículos). Quiero escribir la tercera parte de «El mundo del interior de la tostadora». Quiero terminar la tesis y obligar a todo el mundo a llamarme «doctor».

Y este blog recibirá, al menos, 17 entradas a lo largo de 2017.

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