Doc, ¿en el futuro votaremos a Trump o algo parecido?

Si Donald Trump se hubiese presentado a las Elecciones hace dos o tres décadas, con el mensaje actual, sus resultados habrían sido probablemente peores que los de Barry Goldwater. Y no lo digo por el hecho de que su idea de libertad consista en insultar gratuitamente a minorías étnicas. En esta ocasión, me refiero a su posición en materia ambiental.

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El cuadragésimo quinto presidente (de momento, electo) de los Estados Unidos de América niega el cambio climático y pretende abandonar el Acuerdo de París. De hecho, no solía molestarse en plantearlo en forma de duda. Durante su campaña, prefirió tener minutos gratis en la televisión y promoción masiva en Twitter a base de sonar tan ridículo como sea posible:

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Dijo que no volvería a un circo Ringling Brothers después de que ellos prescindieran de los elefantes, aduciendo que no era más que una estratagema para reducir costes. Si algo quería reducir Ringling Bros. era el impacto social de sus abusos sobre los animales. Estaba en el punto de mira de PETA y otras organizaciones animalistas que tampoco le caen bien a Trump. Antes del desistimiento de Ringling, los organizadores tenían que lidiar con manifestantes una y otra vez. Y los manifestantes tenían motivos.

Baby Elephant Training Photo With Circled Bullhook

El amianto o asbesto es un material fibroso indudablemente útil en la construcción, pero está prohibido en casi todos los países desarrollados. Es un cancerígeno de primera categoría. La inhalación de las fibras provoca en los trabajadores de la construcción asbestosis, cáncer de pulmón y mesoteliomas varios. Ello no es un problema para nuestro querido Trump: la eliminación del amianto le pareció “estúpida”:

I believe that the movement against asbestos was led by the mob, because it was often mob-related companies that would do the asbestos removal. Great pressure was put on politicians, and as usual, the politicians relented. Millions of truckloads of this incredible fireproofing material were taken to special “dump sites” because of this stupid law.

Donald J. Trump, en su libro The Art of the Comeback.

No es un fan de las regulaciones medioambientales, lo cual era de esperar. Más chocante en un presidente es que demuestre públicamente su odio a un organismo oficial como es la EPA (la Agencia de Protección del Medioambiente). Es contrario a la energía eólica y firme partidario del carbón (¡anda!, ¡como en China!). Finalmente, para él, como magnate del sector, la construcción masiva puede ser buena para el medio ambiente.

TRUMP: Environmental Protection, what they do is a disgrace. Every week they come out with new regulations.

Q: Who’s going to protect the environment?

TRUMP: We’ll be fine with the environment. We can leave a little bit, but you can’t destroy businesses.

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Being in a position to help out at Jones Beach has been a tremendous feeling. I know detractors will be pleasantly surprised when they see how well integrated the design will be with the environment and the park.

Curiosamente, la protección del medioambiente es una idea en la que Trump insiste mucho. Pero, más concretamente, insiste en la noción que él tiene sobre esa idea. Él piensa que el medioambiente es lo que se ve, lo que se oye, lo que se huele. Tiene la misma concepción al respecto que la reina Isabel I de Inglaterra, pero en el siglo XVI esto era algo excusable.

Pero algo puede estar en apariencia tremendamente limpio y, a la vez, ser tremendamente contaminante. Hasta existe algo llamado contaminación energética.

En fin, ¡esto es lo que está de moda en Estados Unidos! Y eso que no me he metido con su afirmación de que las vacunas provocan autismo. La moda actual es negar la evidencia científica y ser muy políticamente incorrecto. Antes, el fin de ser transgresor podía ser proteger el Amazonas; hoy, insultar a hispanos y musulmanes es la expresión más elevada de la defensa de la libertad.

Sin embargo, a finales de los ochenta y en la década de los noventa, la moda era la protección medioambiental. El Desarrollo Sostenible, la Convención sobre Diversidad Biológica, el Protocolo de Kyoto, etc. Una encuesta en 1988 reveló que el medioambiente constituía la principal preocupación del electorado estadounidense. ¡La principal!

We are ushering in a new decade of environmental consciousness. This is the movement of the Nineties

Blair Holman, Universidad de Carolina del Norte. ¡Este es el movimiento de los noventa!

La legislación medioambiental dio un paso de gigante en Estados Unidos, dejando de ser algo anecdótico a nivel federal, gracias a políticos como Clem Balanoff o Peg McDonell Breslin.

En 1992 se publicaba mi libro de cabecera para este blog: Beyond the Limits.

Mas la moda ambiental no se quedaba en el ensayo y la legislación: también invadía la ficción. John Barnes escribía Mother of Storms, Kim Stanley Robinson escribía Antarctica. Lo verde se hizo habitual en películas de animación como FernGully: The Last Rainforest o Once Upon a Forest. En Madrid, a finales de los noventa, los niños veían el Cyberclub, con un mensaje claramente ecológico (¡Recicla o rebota!). Sí, entonces se veía Telemadrid. Y también llegó por primera vez un Final Fantasy a Europa, y precisamente uno enmarcado en una distopía medioambiental: Final Fantasy VII.

¡Aquellos maravillosos noventa! ¿Qué nos ha pasado?

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