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Energía-ficción

Escribo esporádicamente en el blog, además de escribir para mi tesis y para mis publicaciones científicas, porque me gusta escribir. Pero lo cierto es que no solamente me gusta escribir; también me gusta escribir. Disfruto con la narrativa tanto como con el ensayo, aunque me temo que eso me convierte en una persona normal o algo peor.

Como lector, actualmente me apasiona la serie The Second Apocalypse (R.S. Bakker), cuyo sexto libro (tercero de The Aspect-Emperor) ha salido ya al mercado estadounidense, pero que no estará disponible hasta septiembre para quienes, como yo, prefieren leer en Kindle. Esta serie de fantasía puede resultar soporífera para la mayoría de los lectores por su pesada carga psicológica, así que espero que el disfrutar con ella me redima de lo concluido en el párrafo anterior.

Como escritor, tengo dos e-books de fantasía-humor disponibles en Amazon (¡Holandés tenía que ser!, El niño que no quería leer a Balzac). Ambos forman parte de la serie El mundo del interior de la tostadora. Hay gente que, sin deberme dinero o favores y sin amenazas de por medio, me ha confesado que… bueno, alguna sonrisilla esporádica sí que les ha sacado alguna vez.

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No obstante, reza un proverbio: Once an engineer, always an engineer. Lo malo no se puede dejar de lado fácilmente. Así, en las partes más aburridas de El mundo del interior de la tostadora, describo un mundo en que cada ciudad tiene su manera de obtener y de utilizar la energía.

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Las alternativas de la agricultura ecológica

Esta entrada es relativamente corta, ya que no soy precisamente un experto en temas agrícolas, pese a incluir la revalorización de los residuos de cultivos como una parte fundamental de mi futura tesis doctoral. De todos modos, creo que mis futuras entradas deberán asemejarse más a la que está usted leyendo que a las anteriores, al menos si deseo mantener una frecuencia de publicación aceptable. Al no estar ducho en lo relativo a plantaciones, me he forzado a informarme para escribir esta entrada. Estoy seguro que de esta forma me hago un favor a mí mismo. A menudo se piensa que ser una persona comprometida con la protección ambiental y las generaciones futuras, una persona que piensa que el desarrollo actual no es sostenible y debería serlo, implica seguir un credo determinado, una única doctrina. A saber: favorecer el uso de las energías renovables, reducir la emisión de gases de efecto invernadero, mantener la biodiversidad de los ecosistemas en la medida de lo posible, etc. Seguramente, esos ejemplos sí son puntos en los que todos o casi todos estamos de acuerdo. No se me ocurre cómo alguien podría decir, coherentemente, que apuesta por el Desarrollo Sostenible sin estar a favor de las energías renovables, desde luego. Pero hay casos con mucha más controversia, casos que no sabríamos situar en el lado verde o en el lado… negro, digamos. La encrucijada nuclear es una entrada en la que traté precisamente este problema: es más verde que los combustibles fósiles, pero no es renovable, pero es eficiente, pero los residuos… El movimiento ecologista global parece apostar, de forma mayoritaria, por la agricultura orgánica o ecológica. Las características fundamentales de este tipo de agricultura son: ausencia de organismos modificados genéticamente (OMG), ausencia de fertilizantes, ausencia de pesticidas. Los defensores aducen múltiples razones para ello: se protege el suelo, se evita la contaminación, se mantiene una mayor biodiversidad, se reduce el riesgo de toxicidad y accidentes. midnight sun farm

Midnight Sun Farm, en Illinois. Propiedad de N. Choate-Batchelder y B. Stark.

  Pero, por otro lado, se ocupa una mayor superficie de tierra por unidad de comida producida. Y esto, siguiendo a los detractores, implica una mayor huella ecológica, menos beneficios en el sector primario y pérdida de competitividad. Resulta también que, como no podría ocurrir de otro modo con el pensamiento humano, hay infinidad de posiciones intermedias. Uno puede estar a favor del uso de OGM y no de los fertilizantes. Otro puede estar de acuerdo con el uso de fertilizantes y pesticidas, siempre y cuando cumplan ciertos requisitos, pero reprobar la reutilización de OMG. Seguir leyendo Las alternativas de la agricultura ecológica

La barbarie de la impersonalidad en el lenguaje científico (II)

Decía yo que en la segunda entrada de este asunto aportaría más traducciones y más razones. No pretendo caer en argumenta ad verecundiam con estas citas. Mi intención es simplemente mostrar la realidad actual en el debate entre la voz activa en primera persona y la voz pasiva impersonal. Y, porque muchas veces en la vida hay que tomar partido, hacer un alegato a favor del uso predominante de la activa. Dicho de otro modo: me incluyo en el consenso actual.

La voz activa en primera persona es preferible a la voz pasiva impersonal. – Behavioural Ecology

Aunque el uso del sintagma “el/los autor/es” es aceptable, instamos a los autores a usar pronombres en primera persona, para evitar un estilo de escritura incómodo o forzado. – Journal of Trauma and Dissociation

Escriba en un estilo claro, directo y activo. BMJ es una revista internacional y muchos lectores no tienen el inglés como su primera lengua. – British Medical Journal

Un lenguaje claro y conciso es altamente deseable en la comunicación científica y concistente con una buena instrucción. – Opthalmology

Mayoritariamente, los científicos usan la voz pasiva por mero hábito o para parecer más académicos, objetivos o sofisticados. Pero no siempre han escrito en voz pasiva. La primera persona empezó a desaparecer del lenguaje científico en Estados Unidos en los años veinte, cuando se reemplazó la voz activa por el estilo inflexible, impersonal y frecuentemente aburrido que predomina hoy. – Randy Moore

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Portada de British Medical Journal.

¿Y cuáles son las ventajas de volver al uso de la voz activa? ¿Qué nos ha hecho emerger de ese sinsentido imperante en el siglo XX?
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La barbarie de la impersonalidad en el lenguaje científico (I)

En los últimos meses he tenido que escribir mucho. Como resulta evidente, no para este blog. Informes, artículos, una estancia en una empresa y trabajos para terminar mi máster han ocupado buena parte de mi tiempo. Esto último, el Trabajo Fin de Máster (y su normativa), es lo que me ha dado la motivación para escribir una entrada sobre la primera persona en la comunicación científica. Una entrada de denuncia y crítica inmisericorde, por supuesto. Hablar bien de los profesores está socialmente mal visto; únicamente lo hago en la intimidad.

El Trabajo Fin de Máster es, como cualquier original research paper que enviamos a una revista para su revisión y ulterior publicación, un trabajo de investigación. Un trabajo con su aplicación del método científico: sus hipótesis, su planificación de experimentos, su obtención de resultados y la discusión de los mismos. Un trabajo que desemboca en un documento científico con su introducción, su descripción del método experimental, su exposición y discusión de resultados, sus conclusiones y sus referencias bibliográficas. Lo típico.

Es pertinente que insista en que es un trabajo de investigación y no un documento técnico. Pues bien, entre las rígidas normas a las que debe ajustarse el texto, encontramos esta regla de estilo:

El trabajo debe ser redactado en pasiva refleja y nunca en primera persona, ni del singular ni del plural (por ejemplo, se realiza, se aprecia, se midió, se obtuvo, etc.).

SIC. En 2015. Estoy hablando de una asignatura de un máster nuevo, iniciado en el curso 2013-2014, por lo que la disidia a la hora de actualizar las normativas no es excusa.

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¿El fracking puede ser sostenible?

El fracking es eso que se lleva tanto en Estados Unidos, algo en Canadá y un poco en Argentina y otros países. Es la causa principal de que Estados Unidos, en comparación con el año 2005, produzca un 30% más de gas y el doble de puestos de trabajo en el sector energético. Parece que las cosas van bien para los que se lanzaron antes a la piscina, y no tan bien para las empresas que llegaron antes a la fiesta: en Shell se arrepienten de haber invertido 24.000 millones de dólares.

Sus defensores se desesperan al ver la oportunidad que estamos perdiendo, mientras que sus detractores advierten de que es verdaderamente catastrófico. ¿Es posible una postura conciliadora?

Tengo la sensación de que estamos abordando un tema complejo como si fuera un mero enfrentamiento entre economía y ecología: ventajas económicas, desventajas medioambientales. En realidad, no se puede exagerar con el impulso que el fracking da a la economía de un país: no hay shale gas o shale oil para toda la vida, el sector energético no es toda la economía y, al fin y al cabo, supone solamente una pequeña parte de los puestos de trabajo. No sabemos realmente cuán grandes son las reservas no convencionales, y las estimaciones de los optimistas vienen a ser cinco veces mayores que las estimaciones de los pesimistas. Por otro lado, en el aspecto ecológico no son todo desventajas. Se trata de obtener un recurso propio, sin necesidad de importarlo (ahorrando el impacto ambiental que ello acarrea), que produce en su combustión muchos menos gases de efecto invernadero por unidad de energía producida que, por ejemplo, el carbón.

Operación de fracturación hidráulica en Dakota del Norte. Fotografía de Joshua Doubek.

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La encrucijada nuclear

El referéndum celebrado en Escocia el pasado jueves fue todo un ejemplo de participación electoral: más del 85%. Ojalá otras consultas lleguen a ser consideradas igual de importantes. El hecho de que resultara ganadora la opción unionista ahorró quebraderos de cabeza a Londres, pero eso no significa que los dilemas hayan desaparecido. Al fin y al cabo, el gobierno de Cameron, ante la persuasión independentista de Salmond (que dimite), había prometido más poderes y competencias para el parlamento de Escocia. Y para Gales, para Irlanda del Norte y para Inglaterra, claro. En definitiva, parece claro que se va a plantear y negociar el viraje del Reino Unido hacia un modelo más… federal.

Me gustaría hablar aquí de una de las disensiones más curiosas entre el gobierno británico central y el SNP (Scotland National Party), en el gobierno de Escocia. Mientras que el gobierno central apuesta firmemente por la energía nuclear, los dirigentes escoceses son detractores de la misma, no aprueban la instalación de nuevos reactores y son partidarios de avanzar hacia una Escocia nuclear-free. Ello en un país, Escocia, cuyo consumo eléctrico viene suministrado por dos centrales nucleares de Big Six en nada menos que un 46%.

Central nuclear en el suroeste de Escocia, Chapelcross.

En una Europa que, siempre con la excepción de la muy nuclear Francia y alguna otra, parece negada a la ampliación de la energía nuclear (Alemania, p. ej.), el gobierno de Cameron fue el responsable de un acuerdo con EDF para construir la primera central nuclear en… ¡nada menos que 20 años! En palabras de David Cameron:

…[P]roveerá miles de trabajos y proveerá un suministro de electricidad seguro y duradero durante mucho, mucho tiempo.

(La traducción es mía.)
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La guerra contra los óxidos de nitrógeno

Mi primera entrada en el blog, Ciudades sin cielo, estuvo dedicada al smog fotoquímico, una consecuencia de interacciones entre distintos compuestos gaseosos. Entre esos compuestos, ocupan un lugar importante los óxidos de nitrógeno (NOx), destacando especialmente la molécula de NO, seguida por NO2. El N2O, conocido coloquialmente como “gas de la risa“, es producido de forma natural por microorganismos, aunque también por algunas de nuestras actividades. Su potencial de efecto invernadero no da tanta risa.

Las grandes aglomeraciones urbanas del este de China tienen altas concentraciones de NO2 sobre ellas. Fuente: Giorgiogp2, Wikipedia.

Pero el smog no es lo único a lo que contribuyen los óxidos de nitrógeno.

  • Tienen un gran potencial de efecto invernadero, es decir, contribuyen al cambio climático.
  • Dan lugar a aerosoles ácidos.
  • Junto con los óxidos de azufre, son causantes de la lluvia ácida.
  • Al absorberse en agua, deterioran su calidad.
  • Concentraciones superiores a 100 g de NO/m3 son perjudiciales para la salud y el crecimiento de las plantas, y el nivel crítico de exposición durante 24 horas para humanos es de 75 g/m3. Bueno, no se puede decir que sea un compuesto muy tóxico, pero sí participa en reacciones en las que se producen sustancias más malignas.

Expuestas todas estas felonías perpetradas por estos contaminantes, parece sensato minimizar la concentración que de ellos hay en nuestra atmósfera por causa antropogénica (es decir, emitidos por nosotros). Los emitimos, fundamentalmente, desde nuestros vehículos a motor, salvo que sean eléctricos; desde centrales térmicas para producir electricidad, funcionen con fuelóleo, con carbón, con GLP, con gas natural o con cualquier otro combustible; desde hornos de vidrio, cerámicos, siderúrgicos; desde plantas de producción de ácido nítrico, de ácido adípico, de amoníaco…

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