¿El fracking puede ser sostenible?

El fracking es eso que se lleva tanto en Estados Unidos, algo en Canadá y un poco en Argentina y otros países. Es la causa principal de que Estados Unidos, en comparación con el año 2005, produzca un 30% más de gas y el doble de puestos de trabajo en el sector energético. Parece que las cosas van bien para los que se lanzaron antes a la piscina, y no tan bien para las empresas que llegaron antes a la fiesta: en Shell se arrepienten de haber invertido 24.000 millones de dólares.

Sus defensores se desesperan al ver la oportunidad que estamos perdiendo, mientras que sus detractores advierten de que es verdaderamente catastrófico. ¿Es posible una postura conciliadora?

Tengo la sensación de que estamos abordando un tema complejo como si fuera un mero enfrentamiento entre economía y ecología: ventajas económicas, desventajas medioambientales. En realidad, no se puede exagerar con el impulso que el fracking da a la economía de un país: no hay shale gas o shale oil para toda la vida, el sector energético no es toda la economía y, al fin y al cabo, supone solamente una pequeña parte de los puestos de trabajo. No sabemos realmente cuán grandes son las reservas no convencionales, y las estimaciones de los optimistas vienen a ser cinco veces mayores que las estimaciones de los pesimistas. Por otro lado, en el aspecto ecológico no son todo desventajas. Se trata de obtener un recurso propio, sin necesidad de importarlo (ahorrando el impacto ambiental que ello acarrea), que produce en su combustión muchos menos gases de efecto invernadero por unidad de energía producida que, por ejemplo, el carbón.

Operación de fracturación hidráulica en Dakota del Norte. Fotografía de Joshua Doubek.

¿A qué nos referimos con fracking?

Fracking es el nombre corto y anglosajón (si bien en inglés es también un vocablo abreviado) de la fracturación hidráulica de yacimientos con el objetivo de extraer hidrocarburos. Perforación vertical hasta el nivel que nos interesa, seguida de perforación horizontal en dos sentidos, generalmente formando un ángulo de 80º. Una primera disolución acuosa se bombea a través del conducto a suficiente presión, de forma que fractura la roca. La sigue un flujo bifásico con arena u otras partículas cerámicas (naturales o artificiales). Los aditivos de la disolución incluyen sales, ácidos y floculantes. Si el hidrocarburo mayoritario es el metano, hablamos de gas natural no convencional, también llamado gas de esquisto o gas pizarra. En inglés, shale gas. Con hidrocarburos más pesados, hablaremos de petróleo con complementos sintácticos similares.

Gran parte del metano se acumula en bolsas de gas natural con una localización dispar a lo largo del mundo. Argelia y Rusia son grandes exportadores de este recurso, por ejemplo. Hasta hace poco, ese era el único gas natural que teníamos a nuestra disposición de forma rentable. Aunque la primera operación de fracturación hidráulica para obtener gas en Estados Unidos data de 1947, a cargo de la Pan American Petroleum Corporation, el objetivo por aquel entonces era la estimulación de la extracción de yacimientos convencionales.

Extracción de gas natural por países. Elaborado por Maurice07.

Pero resulta que, en determinadas rocas sedimentarias, a lo largo de la evolución geológica del planeta, ha quedado retenida una cantidad apreciable de metano y otros hidrocarburos ligeros. Y que podemos extraerlos y explotarlos con la tecnología actual. El desarrollo tecnológico no hizo el fracking viable hasta finales de los noventa, siendo George Mitchell uno de los principales promotores. No está de más comentar que Mitchell se consideraba una persona preocupada por el medio ambiente.

La parte buena:

  • Si bien el gas natural es un recurso no renovable y uno de los implicados en el cambio climático, no es menos cierto que su uso es preferible, desde luego, al del carbón. Por varios motivos, es una fuente de energía mucho más limpia que el carbón: no tiene nada de azufre, da lugar a menos NOx, resulta en una mayor producción de energía por unidad de masa de gas natural quemado.
  • Disminuye la dependencia energética: posibilita que las importaciones de hidrocarburos bajen.
  • Permite la creación de más puestos de trabajo.
  • Estimula la producción de petróleo o gas natural en yacimientos dañados.
  • Tenemos el precedente de años de experiencia con el fracking en Estados Unidos.

Las malas noticias:

  • Nada hay completamente seguro. El fracking no es una excepción. La fractura hidráulica produce pequeños terremotos, generalmente tan leves que son indetectables, pero el riesgo de seísmos serios está presente.
  • Del mismo modo, si bien los conductos están revestidos para impedir la contaminación de los acuíferos, un accidente siempre es posible. No sería la primera fuga de contaminantes en el sector energético.
  • Al fin y al cabo, optar por el fracking tiene como efecto prolongar la dependencia de los hidrocarburos, postergar en el tiempo la auténtica hora de las renovables.
  • No ha todo el mundo le ha ido bien con el fracking. Ahí están Shell y BHP Billiton, como ejemplos de que no es oro todo lo que reluce, o petróleo todo lo que oscurece.
  • Sí, tenemos todos esos años de experiencia de Estados Unidos, pero ¡aún hay mucha incertidumbre! ¿Hasta cuándo podríamos extraer hidrocarburos a un ritmo y un precio aceptable? ¿Cuál es la auténtica magnitud de las reservas? En caso de producir daños severos, ¿contamos con tecnología para repararlos o minimizarlos?
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Protestas contra el fracking. Imagen de GREENSAFE.

Mi conclusión:

Al fin y al cabo, la fracturación hidráulica es una invasión del subsuelo con efectos físicos probablemente irreversibles, con aditivos químicos no biodegradables, para obtener un recurso no renovable. Así expresado, no suena muy bien.

Pero algún cambio necesita el panorama energético en Europa. Mi preferencia, por supuesto, se inclina a la incentivación de las renovables y los biocombustibles, pero, si los Estados miembros creen que es demasiado pronto y no están por la labor, al menos el fracking disminuye la dependencia de las importaciones y parece que, con las regulaciones adecuadas, se puede realizar de forma segura. Quizá sea mejor fracturar que no hacer nada (es decir, como un mal menor o una fuente de energía de transición). En cuanto a los puestos de trabajo, no podemos quedarnos únicamente en la propia actividad industrial: si se opta por el fracking, hay que invertir en I+D para sustituir los aditivos utilizados por compuestos más bio, buscar métodos tan poco agresivos como sea posible y maximizar la seguridad. Y nunca, nunca, interrumpir o mermar el desarrollo de las energías renovables, verdaderamente la única opción a largo plazo. Esto es: no al fracking si se emplea para reducir los recursos y los esfuerzos dedicados a las renovables. En todo caso, habría que intentar compatibilizar ambas cosas.

Esta visión controvertida es para Europa. Para China, por ejemplo, me puedo posicionar más fácilmente a favor. Gran parte del consumo energético de China viene dado por la combustión de carbón, siendo el país con la mayor reserva de gas de esquisto: se estima que es más que Canadá y EEUU juntos.

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