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Diésel en Europa: triunfo, fracaso y oportunidad

En 1989, una compañía alemana introdujo en el mercado de los automóviles el primer motor TDI con control electrónico. El nombre de esa compañía, muy mentado últimamente, es Volkswagen. El nombre del coche, Audi 100. Como no podía ser de otro modo, hay precedentes, comenzando por la invención de Rudolf Diesel: un motor que funcionaba con aceite de palma y que acabaría recibiendo el nombre de su creador. En 1933, algunos Citroën Rosalie incluían el motor diésel 11UD. En los años ochenta, PSA Peugeot Citroën crea el motor diésel XUD. En 1987, aparece el Fiat Croma TD-i.d. con motor de inyección directa.

Sin embargo, antes del TDI de Volkswagen, antes de 1989, la cuota de mercado de los coches con motor diésel no superaba el 10%. Allá por el 2003-2004, Europa se había convertido en el único continente del mundo donde predominaban los motores diésel sobre los de explosión (gasolina).

Los motores TDI tardaron en entrar en otros mercados y, cuando lo hicieron, no fue precisamente para triunfar. En Estados Unidos continúan siendo meramente un nicho de mercado.

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Coches de pasajeros registrados en EEUU de 2010 a 2013. Fuente.

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Evolución del consumo de diésel y gasolina en la Unión Europea. Fuente.

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La guerra contra los óxidos de nitrógeno

Mi primera entrada en el blog, Ciudades sin cielo, estuvo dedicada al smog fotoquímico, una consecuencia de interacciones entre distintos compuestos gaseosos. Entre esos compuestos, ocupan un lugar importante los óxidos de nitrógeno (NOx), destacando especialmente la molécula de NO, seguida por NO2. El N2O, conocido coloquialmente como “gas de la risa“, es producido de forma natural por microorganismos, aunque también por algunas de nuestras actividades. Su potencial de efecto invernadero no da tanta risa.

Las grandes aglomeraciones urbanas del este de China tienen altas concentraciones de NO2 sobre ellas. Fuente: Giorgiogp2, Wikipedia.

Pero el smog no es lo único a lo que contribuyen los óxidos de nitrógeno.

  • Tienen un gran potencial de efecto invernadero, es decir, contribuyen al cambio climático.
  • Dan lugar a aerosoles ácidos.
  • Junto con los óxidos de azufre, son causantes de la lluvia ácida.
  • Al absorberse en agua, deterioran su calidad.
  • Concentraciones superiores a 100 g de NO/m3 son perjudiciales para la salud y el crecimiento de las plantas, y el nivel crítico de exposición durante 24 horas para humanos es de 75 g/m3. Bueno, no se puede decir que sea un compuesto muy tóxico, pero sí participa en reacciones en las que se producen sustancias más malignas.

Expuestas todas estas felonías perpetradas por estos contaminantes, parece sensato minimizar la concentración que de ellos hay en nuestra atmósfera por causa antropogénica (es decir, emitidos por nosotros). Los emitimos, fundamentalmente, desde nuestros vehículos a motor, salvo que sean eléctricos; desde centrales térmicas para producir electricidad, funcionen con fuelóleo, con carbón, con GLP, con gas natural o con cualquier otro combustible; desde hornos de vidrio, cerámicos, siderúrgicos; desde plantas de producción de ácido nítrico, de ácido adípico, de amoníaco…

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Ciudades sin cielo

Lo peor de muchos problemas ambientales es que tardan en ser percibidos, o que, al no ser tan evidentes, no suscitan mucho la atención. Los problemas más flagrantes sí provocan la necesidad de tomar acciones, afortunadamente. La reina Isabel I de Inglaterra prohibió el uso de carbón cerca del palacio de Westminster. En 1661, John Evelyn propuso que se trasladaran las fábricas lejos de Londres, garantizando la limpieza del aire en la ciudad. Su estudio fue analizado por Carlos II. Napoleón decretó en 1810 que sería necesaria una autorización administrativa para emprender actividades industriales que emitiesen malos olores.

beijingkevindooleySmog en Beijing. Fotografía de Kevin Dooley.

El smog pertenece al grupo de fenómenos evidentes, junto a los malos olores, las aguas coloreadas y la lluvia ácida: se trata de un fenómeno muy claro a los sentidos. Sin embargo, se sigue dando en los últimos años en varias ciudades del mundo, debido, principalmente, al tráfico rodado, a las calefacciones y a los procesos de combustión en general.

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