El film de “plástico biodegradable” no es la solución

Hace dos semanas, asistí a un curso en Coímbra (Portugal) sobre caracterización de partículas y flujo multifásico. Si bien dicho tema tiene evidentes aplicaciones medioambientales (separación de partículas, p. ej.), quería tratar aquí otro tema: el hecho de que, en el supermercado, te empaqueten sistemáticamente cada artículo (excepto si son artículos pequeños) en una bolsa de plástico biodegradable. A veces, que sea biodegradable no quiere decir que sea maravilloso.

En efecto, el residuo que resulta del abandono de la bolsa no persiste en el medio ambiente durante tanto tiempo como una bolsa de polietileno de alta densidad (convencional). Pero, por otro lado, estas bolsas se utilizan para un solo uso.

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La clave no está tanto en la biodegradabilidad del residuo abandonado, como en la minimización de ese abandono. Se contamina el medio ambiente desde la propia extracción de materias primas y, en el caso de las bolsas biodegradables de un solo uso, esta contaminación no es poca cosa.

Una herramienta fundamental para estudiar el impacto global de un determinado producto es el análisis de ciclo de vida (en inglés, LCA: Life Cycle Analysis). Pues bien: Boustead Consulting & Associates Ltd. y Progressive Bag Alliance realizaron un estudio titulado: Life Cycle Assessment for Three Types of Grocery Bags – Recyclable Plastic; Compostable, Biodegradable Plastic; and Recycled, Recyclable Paper.

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El estudio de Boustead tiene por objetivo informar del debate sobre los impactos ambientales globales de las bolsas de comercio, proporcionando conclusiones sobre el potencial de distintos materiales alternativos sin olvidar los inconvenientes de cada uno de ellos. Las conclusiones podrían sorprender a más de uno.

El alcance del estudio contempla un ciclo de vida que abarca desde la extracción de todas las materias primas hasta el abandono de las bolsas, incluyendo el transporte de cualquier material implicado, para cada uno de los tres tipos de bolsas de comercio que se consideraron. Abordan también el impacto del reciclado y/o la reutilización.

El grado de detalle del análisis de ciclo de vida de Bousted Consulting es tal que se consideran hasta 18 combustibles o fuentes de energía para la fabricación de una bolsa de comercio. La cantidad de materias primas consideradas es también abrumadora: aire, oxígeno, bauxita, bentonita, sulfato de calcio, arcilla, cromo, dolomita, hierro, zinc, feldespato, caliza, pentóxido de fósforo, rutilo, etc. Las emisiones al aire contemplan partículas y un amplio espectro de compuestos: óxidos de nitrógeno y de azufre, CO, hidrocarburos, etc. Los gases de efecto invernadero tienen también su propia dedicación. También se consideran las emisiones al agua y la generación de residuos sólidos. Los autores abordan también la posibilidad de que bolsas distintas a las de polietileno de alta densidad tengan varios usos. Lamentablemente, ese no parecía ser el caso de las siete bolsas para siete artículos que recibí en el supermercado. Su resistencia mecánica tampoco era suficiente, desde luego, a pesar de que la inscripción en la bolsa recomendara su reutilización. Pero no hay más motivos, desde el punto de vista de la conveniencia del consumidor, para reutilizar estas bolsas débiles de plástico biodegradable que para reutilizar unas bolsas convencionales de polietileno.

Bousted muestra que el impacto ambiental total de 1000 bolsas de polietileno de alta densidad es mucho menor que el impacto ambiental de 1000 bolsas de papel o 1000 bolsas de plástico biodegradable, suponiendo un solo uso. Mucho menor. Pero, al menos, en principio, la bolsa de papel va a ser reutilizada (una bolsa de papel necesita ser reutilizada unas cinco veces para que su impacto ambiental sea menor). Sé bien que puede tener la resistencia mecánica adecuada para ello.

Como crítica al estudio de Bousted, debe decirse que, para la generación de residuos sólidos urbanos, se asumió el buen comportamiento de los consumidores, abandonando las bolsas en contenedores de basura. Lamentablemente, esto no es cierto en muchas ocasiones. Por ejemplo, los daños sobre la fauna por ingestión y atrapamiento son precisamente causados por el abandono de las bolsas, y no (al menos no directamente) por su incineración.

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Sin embargo, aunque en la cuestión del abandono irresponsable son mejores las bolsas de plástico biodegradable, no hay mucha diferencia. Esta biodegradación es muy lenta si las condiciones de temperatura, humedad y población microbiana no son suficientes. Una tortuga puede pasarlo igual de mal con un trozo de una bolsa de bioplástico en su garganta que con un trozo de una bolsa habitual. Y, aunque la degradación fuera rápida, ¡su producción es aún más contaminante!

Ante todo, hay que reutilizar y minimizar el abandono. Y la mejor forma de minimizar el abandono (controlado o no) es minimizar la producción. No se trata de sustituir el material de las bolsas de comercio manteniendo su cantidad, porque el problema es, precisamente, su cantidad. La aplicación de productos biodegradables o biodegradantes para hacer bolsas débiles no es sino una prolongación del problema –algo contra lo cual, por cierto, la Comisión Europea se ha opuesto.

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Las soluciones que propongo, en definitiva, son:

  • Hay que hacer hincapié en que hay que reutilizar, y esto es más importante que reciclar o valorizar. Reciclar o valorizar bolsas reutilizables tiene un impacto ambiental significativo, y debe hacerse cuando la bolsa se ha roto y no puede seguir usándose. Las bolsas de la sostenibilidad tienen buena resistencia a la tracción y son difícilmente deformables.
  • En cualquier caso, es importante que las bolsas de muchos usos sean efectivamente usadas como bolsas de muchos usos. Si los clientes las emplean como bolsas de un solo uso, las consecuencias serán peores que si seguimos utilizando las típicas bolsas de polietileno. Hay que cambiar el chip a un nivel de toda la sociedad.
  • Algún día, los supermercados deberán dejar de ofrecer bolsas de film de plástico, sin más. El cliente debe ir a comprar con su carro o con su bolsa de algodón o de papel. Esto se ha repetido hasta la saciedad desde múltiples fuentes, pero no por ello es menos cierto. No sustituyáis el material; sustituid los hábitos.
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