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Ingeniero Químico por la Universidad Complutense de Madrid (febrero 2013), con especialidad medioambiental, y doctor por la Universidad Pablo de Olavide. Actualmente, investigador posdoctoral en la Universidad de Coímbra. Autor del blog de opinión y divulgación «Herencia Sostenible». ¡Ah...! Y de la serie de fantasía-humor «El mundo del interior de la tostadora».

Investigación, ¿quién la necesita?

A nadie sorprendería si dijera que la investigación en España lleva cuatro años en retroceso; que los recortes en I+D son de una gran magnitud, siendo p. ej. del 25% de 2011 a 2012; que cada vez más científicos de destacable trayectoria denuncian la falta de medios y el exceso de plazos burocráticos, u optan por irse; que muchas empresas privadas (no todas), a la hora de eliminar o reducir gastos, suelen mirar en primer lugar hacia sus departamentos de investigación y desarrollo.

La investigación, ese gasto opcional y secundario.

researchers-biologists-working-in-the-fieldBiólogos investigando en campo, Hornbaker Chelsi, U.S. Fish and Wildlife Service.

 

Pero vivimos en un mercado en el que la oferta supera a la demanda. Apenas hay demanda insatisfecha de un producto tradicional. Todo lo contrario ocurría en tiempos pasados, desde el siglo XVIII hasta bien entrado el XX, cuando casi cualquiera podía trabajar en condiciones cuestionables y prácticamente cualquiera con capital podía encontrar compradores. Los tiempos han cambiado y ya no son válidos los mismos modelos productivos que antaño. La minimización de costes no puede ser lo único que lleve a una empresa a triunfar, como sigue asumiéndose en muchos sectores. Innovar con productos refrescantes y antes impensables es esencial en el mundo actual. Eso lo saben en cualquier empresa con éxito en el sector tecnológico, agroalimentario, cosmético, farmacéutico, etc.
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La guerra contra los óxidos de nitrógeno

Mi primera entrada en el blog, Ciudades sin cielo, estuvo dedicada al smog fotoquímico, una consecuencia de interacciones entre distintos compuestos gaseosos. Entre esos compuestos, ocupan un lugar importante los óxidos de nitrógeno (NOx), destacando especialmente la molécula de NO, seguida por NO2. El N2O, conocido coloquialmente como “gas de la risa“, es producido de forma natural por microorganismos, aunque también por algunas de nuestras actividades. Su potencial de efecto invernadero no da tanta risa.

Las grandes aglomeraciones urbanas del este de China tienen altas concentraciones de NO2 sobre ellas. Fuente: Giorgiogp2, Wikipedia.

Pero el smog no es lo único a lo que contribuyen los óxidos de nitrógeno.

  • Tienen un gran potencial de efecto invernadero, es decir, contribuyen al cambio climático.
  • Dan lugar a aerosoles ácidos.
  • Junto con los óxidos de azufre, son causantes de la lluvia ácida.
  • Al absorberse en agua, deterioran su calidad.
  • Concentraciones superiores a 100 g de NO/m3 son perjudiciales para la salud y el crecimiento de las plantas, y el nivel crítico de exposición durante 24 horas para humanos es de 75 g/m3. Bueno, no se puede decir que sea un compuesto muy tóxico, pero sí participa en reacciones en las que se producen sustancias más malignas.

Expuestas todas estas felonías perpetradas por estos contaminantes, parece sensato minimizar la concentración que de ellos hay en nuestra atmósfera por causa antropogénica (es decir, emitidos por nosotros). Los emitimos, fundamentalmente, desde nuestros vehículos a motor, salvo que sean eléctricos; desde centrales térmicas para producir electricidad, funcionen con fuelóleo, con carbón, con GLP, con gas natural o con cualquier otro combustible; desde hornos de vidrio, cerámicos, siderúrgicos; desde plantas de producción de ácido nítrico, de ácido adípico, de amoníaco…

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Hacia una cultura de la sostenibilidad

Imagen destacada de esta entrada: Andrés Nieto Porras.

Una cultura es un cierto conjunto de hábitos, ideas, conceptos, técnicas, juicios estéticos y morales, modos de comunicación y pautas de comportamiento característicos de una sociedad o comunidad de personas.

La herencia cultural es uno de los principales rasgos que separan al ser humano de sus compañeros en el reino animal. El hecho de que haya sido y sea fundamental para la supervivencia, la multiplicación y la satisfacción de nuestra especie es concomitante con la falta de flexibilidad que, en menor o mayor medida, tiene toda cultura. Si es incluso un asunto de supervivencia, no puede ser tan fácil de cambiar.

La cultura tiene un lado bueno y un lado malo. Por un lado, es consecuencia de los aciertos y errores que se han acumulado durante miles de años por todos los que nos preceden en la sociedad. Tanto tiempo abarca esa experiencia, que la razón de una sola persona que viva en el mundo actual no puede juzgar la herencia cultural de una forma absolutamente certera.

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Gaza: una zona ni sostenida ni sostenible

Hace un par de días, parecía que los bombardeos involucrados en la operación Margen Protector (o Filo Protector, según el traductor) habían finalizado. Recientemente, las Fuerzas de Defensa de Israel han emprendido una lenta ofensiva terrestre. Por desgracia, esto no tiene pinta de terminar aún.

De momento, hay más de 200 palestinos muertos, más de 1500 heridos y 300000 personas sin acceso a agua limpia.

Los defensores de la postura israelí, comenzando por las propias Fuerzas de Defensa y sus líderes políticos, sostienen que los daños colaterales se deben al uso de inocentes (incluyendo muchos niños) como escudos humanos por parte de los terroristas. Aun así, ¿desplaza eso la culpa completamente a Hamás? Que un contendiente se despreocupe de su propia población civil… ¿implica que el otro contendiente pueda abrir fuego justificadamente allá donde muy probablemente haya civiles? No, desde luego. Es, de hecho, una excusa pueril. El IV Convenio de Ginebra establecía obligaciones para con los civiles de ambos bandos, y por parte de ambos bandos.

Claro que los terroristas de Hamás hacen uso de escudos humanos, voluntarios o no. Y también es cierto que muchos cohetes son lanzados desde posiciones civiles. Pero el argumento que presentan los defensores de los ataques contra objetivos civiles es todo un non sequitur. La premisa es correcta, pero de ella no se sigue como conclusión que atacar objetivos civiles esté justificado. Las Fuerzas de Defensa de Israel aseguran que sus operaciones buscan minimizar el daño a civiles… ¿cómo? ¿Cómo se compatibiliza eso con atacar edificios de uso exclusivamente civil, tales como edificios de viviendas, por mucha precisión de la que presuman?

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La biomasa vegetal como sustituto del petróleo

Si pregunto por las sustancias más abundantes en la corteza de este planeta, seguramente me responderán con una serie de nombres de compuestos inorgánicos: dióxido de silicio, óxidos de hierro y de aluminio, agua, cloruro de sodio, óxidos y sales de calcio…

Los compuestos inorgánicos tienen aplicaciones esenciales para nuestra vida; qué duda cabe. No podríamos vivir sin agua o sin iones fundamentales como el ion sodio y el ion potasio. Y, además de nuestras necesidades fisiológicas, el mundo actual no sería lo mismo sin el amoniaco o sin el ácido sulfúrico, compuestos de producción masiva, fundamentales en el desarrollo técnico, económico y demográfico en la Edad Contemporánea. Son inorgánicos el vidrio, el cemento, el yeso, el acero y otros de los materiales más comúnmente utilizados.

Evidentemente, los compuestos inorgánicos no valen para todo. No conozco ningún ser vivo que pueda alimentarse exclusivamente de sales minerales. He oído hablar de microorganismos anaerobios que no necesitan O2 (bacterias metanogénicas, por ejemplo), pero no he tenido el placer de conocer a alguno que pueda vivir sin una fuente de carbono. Y estoy hablando de los compuestos orgánicos.

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El film de “plástico biodegradable” no es la solución

Hace dos semanas, asistí a un curso en Coímbra (Portugal) sobre caracterización de partículas y flujo multifásico. Si bien dicho tema tiene evidentes aplicaciones medioambientales (separación de partículas, p. ej.), quería tratar aquí otro tema: el hecho de que, en el supermercado, te empaqueten sistemáticamente cada artículo (excepto si son artículos pequeños) en una bolsa de plástico biodegradable. A veces, que sea biodegradable no quiere decir que sea maravilloso.

En efecto, el residuo que resulta del abandono de la bolsa no persiste en el medio ambiente durante tanto tiempo como una bolsa de polietileno de alta densidad (convencional). Pero, por otro lado, estas bolsas se utilizan para un solo uso.

Imagen

La clave no está tanto en la biodegradabilidad del residuo abandonado, como en la minimización de ese abandono. Se contamina el medio ambiente desde la propia extracción de materias primas y, en el caso de las bolsas biodegradables de un solo uso, esta contaminación no es poca cosa.

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La transición a un sistema sostenible

El uso del adjetivo sostenible adquiere uno u otro significado según el contexto. Habitualmente, se refiere al aspecto ecológico, esto es: un equilibrio entre la tasa de utilización de recursos no renovables y tasa de generación de residuos y emisiones contaminantes. Otras veces, empleamos este término para referirnos a un conjunto de políticas económicas -por antonomasia, las políticas sociales o de bienestar. Por ejemplo, es común hablar de la sostenibilidad o insostenibilidad del Estado del Bienestar.

Pero, cuando hablamos de la sociedad sostenible, nos referimos a una sociedad que es sostenible en todos los aspectos posibles.

En el aspecto ecológico, cumple las reglas de Daly.reglas daly

En el aspecto social, cultural y axiológico (valores), sostenible es una sociedad pacífica e ilustrada que, sin la amenaza de caer en la conflictividad y el enfrentamiento, tampoco cae en el estancamiento. En un mundo en el que nada hay más real que el cambio, nada hay más insostenible que el estancamiento.

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La decisión socialdemócrata

Una vez más, la participación en las Elecciones al Parlamento Europeo ha sido decepcionantemente baja. En los países del Este, concretamente, ha sido bajísima, a excepción del caso grego. Si bien muchos ciudadanos son conscientes de que dicho Parlamento no tiene tanto poder de decisión como otras instituciones menos democráticas, no es menos cierto que se han presentado algunas candidaturas con la intención de cambiarlo.

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Barco pescador en la laguna de Tam Giang Hue. Pixabay.

En Grecia, por cierto, con una de las tasas de participación más altas, ha triunfado la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza), liderada por Alexis Tsipras.

Los ciudadanos europeos festejan la derrota de las políticas de austeridad.

A menudo, los medios exageran el euroescepticismo de Syriza. Es una coalición en buena parte formada por partidos comunistas, pero no es antieuropea.

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Un partido para la sostenibilidad, la prosperidad y la transparencia

El día 25 tienen lugar los comicios de las Elecciones al Parlamento Europeo en España, Portugal, Italia, Alemania, Suecia y, en definitiva, en la mayoría de países miembros de la U.E. En el Reino Unido y en Bélgica, fue el pasado 22 de mayo. Además, en Reino Unido las Europeas coinciden con las Municipales.

Incluso los resultados de las votaciones ya realizadas (ingleses y neerlandeses) deberá esperar al domingo por la noche. No habrá resultados hasta que cierre el último colegio electoral (Italia, 23:00). No obstante, sabemos que la participación ha sido baja, y que el auge de los llamados euroescépticos es muy probable.

Los países miembros, por colores según fecha de votación. ArnoldPlaton.

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Necesaria, pero no suficiente

La producción de energía y la manufactura de bienes en los países industrializados emiten ciertas sustancias a tasas superiores a su tasa de asimilación natural, y hacen uso de ciertos recursos indispensables a tasas superiores a las de su regeneración.  Es decir: no se cumplen aún las reglas de Daly. Demandamos diariamente tantos productos y tanta energía que uno debe preguntarse: ¿tal vez deberíamos demandar un poco menos? O un corolario: ¿deberían ofrecernos menos?

¿O, quizás, la tecnología, junto con el mercado, resolverá este problema de forma más o menos espontánea?

En efecto, la tecnología ha ido consiguiendo, cada vez, una mayor eficiencia:

  • un menor consumo relativo de materia prima por kilogramo de producto final;
  • un menor consumo de combustible por gigajulio de energía (eficiencia energética). La cantidad de contaminantes emitidos también ha ido reduciéndose;
  • descubrimiento de nuevos procesos o nuevas materias primas que resultan en una menor contaminación.

Parque eólico en Texas. Fotografía: Leaflet.

Pero, aun así, la tecnología no es suficiente. Alguien podría argüir que, si se trata de que la tasa de utilización sea menor que la tasa de regeneración, la tecnología también puede incrementar esa última tasa (regeneración natural + regeneración artificial). Pero, desde luego, en prácticamente cualquier caso que se me ocurre, es mucho más fácil, viable, barato y sin consecuencias perniciosas el minimizar esa utilización: el consumir menos agua, el consumir menos energía, etc.

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