Gaza: una zona ni sostenida ni sostenible

Hace un par de días, parecía que los bombardeos involucrados en la operación Margen Protector (o Filo Protector, según el traductor) habían finalizado. Recientemente, las Fuerzas de Defensa de Israel han emprendido una lenta ofensiva terrestre. Por desgracia, esto no tiene pinta de terminar aún.

De momento, hay más de 200 palestinos muertos, más de 1500 heridos y 300000 personas sin acceso a agua limpia.

Los defensores de la postura israelí, comenzando por las propias Fuerzas de Defensa y sus líderes políticos, sostienen que los daños colaterales se deben al uso de inocentes (incluyendo muchos niños) como escudos humanos por parte de los terroristas. Aun así, ¿desplaza eso la culpa completamente a Hamás? Que un contendiente se despreocupe de su propia población civil… ¿implica que el otro contendiente pueda abrir fuego justificadamente allá donde muy probablemente haya civiles? No, desde luego. Es, de hecho, una excusa pueril. El IV Convenio de Ginebra establecía obligaciones para con los civiles de ambos bandos, y por parte de ambos bandos.

Claro que los terroristas de Hamás hacen uso de escudos humanos, voluntarios o no. Y también es cierto que muchos cohetes son lanzados desde posiciones civiles. Pero el argumento que presentan los defensores de los ataques contra objetivos civiles es todo un non sequitur. La premisa es correcta, pero de ella no se sigue como conclusión que atacar objetivos civiles esté justificado. Las Fuerzas de Defensa de Israel aseguran que sus operaciones buscan minimizar el daño a civiles… ¿cómo? ¿Cómo se compatibiliza eso con atacar edificios de uso exclusivamente civil, tales como edificios de viviendas, por mucha precisión de la que presuman?

Esta entrada no es una mera reprimenda contra Israel, que no es el único culpable. Con todo, la consideración especial y extraordinaria que tiene este país es sorprendente. Es uno de los cuatro Estados no ratificadores del Tratado de No Proliferación Nuclear: en los años ochenta, cuando las principales potencias se ponían de acuerdo para destruir sus cabezas nucleares paulatinamente, Israel optaba por desarrollar hasta (según estima Avner Cohen) 200 cabezas nucleares.

¿Son las circunstancias tan excepcionales para que la permisividad con ese Estado sea tan excepcional? Quizá lo fueran en la Segunda Guerra Mundial, cuando los Aliados decidieron enfocar buena parte de sus ataques sobre la población civil (Dresde, Leipzig, Tokyo, etc.), habiéndolo hecho antes, sin escrúpulo alguno, las potencias del Eje. Pero la cantidad de recursos militares de los que disponían los enemigos no es comparable, ni mucho menos, a lo que tienen los terroristas actuales. Y, aun así, desde el IV Convenio de Ginebra (1949), se considera que ese tipo de acciones de guerra es inadmisible.

Sin embargo, lo peor en la Franja de Gaza no son los bombardeos de Israel ni los ataques con cohetes o misiles de Hamás. Es uno de los mejores ejemplos de insostenibilidad en el mundo.

La situación de Gaza es, fuera de toda duda, desesperada. Hablamos de un cúmulo de motivos donde son culpables los líderes de la comunidad internacional en su conjunto, la ONU, los propios palestinos y los israelíes. Pero, más que identificar culpables, lo importante es que se tome, a nivel internacional, la decisión firme de hacer algo importante, más allá de dar limosnas a los Territorios Palestinos.

gaza demographicsUna de las razones esenciales es la explosión demográfica que tuvo lugar hace unas pocas décadas, y pese a la cual sigue aumentando la población de una zona estrecha y prácticamente carente de recursos.

Líderes corruptos, educación precaria y arbitraria, bloqueo por parte de Israel, restricciones a la migración de los Territorios Palestinos a Israel y otros factores motivaron un desplome del PIB y un aumento dramático de la tasa de desempleo (mayor del 35%). Gaza es una región fuertemente dependiente de la ayuda internacional.

¿Cómo espera Israel mantener a raya a millón y medio de personas, creciendo a una tasa del 4% anual? Una región cada vez más pobre y desocupada, donde la mayor aspiración de muchos hombres es ser admitido en un puesto de trabajo (mal pagado) al otro lado de la frontera.

A los deprimentes números, hay que sumar el factor cultural, que en este caso no ayuda. Este factor ha contribuido a tener un número excesivo de hijos por familia, quizá asumiendo que la economía iba a seguir en alza como en los ochenta. Una actitud que, desde un punto de vista puramente racional, resulta irresponsable. La religión, que sumada a la desesperación llega al fanatismo, ayuda a aumentar el odio hacia los israelíes judíos.

Mezclad pobreza, desempleo, humillación (por ser los vencidos y por depender del exterior), estrés, explosión demográfica, muchas restricciones para ir a Israel a buscarse la vida, mala educación, historial de enfrentamientos, fanatismo religioso, líderes pésimos, odio que pasa de generación en generación…

¿Es posible una situación donde no surja el terrorismo, el odio hacia los judíos y el afán desesperado de venganza? Solamente en otras condiciones, solamente si se hace algo.

Los desmanes actuales pueden quedarse en un mal menor en comparación con lo que puede suceder dentro de diez años. Entonces, los palestinos de Gaza no tendrán nada que perder.

Israel opta por la disuasión, asegurándose siempre de que su poderío militar es infinitamente superior. Pero la disuasión no siempre funciona. ¿Cómo puedes disuadir a quien no tiene nada que perder? ¿Con qué puedes amenazarle?

Seguirá habiendo lanzamientos de cohetes o misiles desde Gaza mientras el odio sea el recurso más abundante en esa pequeña zona del planeta. Solamente hacen falta dos ingredientes: odio y proyectiles. A los líderes israelíes no les importa ser odiados; les basta con destruir los proyectiles y a quienes los lanzan. Pero quienes estén dispuestos a lanzarlos van a ser más y más con el tiempo.

Cuando, al fin, ambos contendientes (Hamás y las Fuerzas de Defensa de Israel) hayan llegado efectivamente a un alto el fuego, la comunidad internacional tendrá la oportunidad de buscar una buena solución al gravísimo problema de los Estados Palestinos.

Gaza no puede apoyarse en sus recursos. Gaza necesita seguridad, inversión internacional, industria. Del mismo modo, Israel tiene que ceder en algunas demandas clave, o el odio no hará ḿás que acrecentarse. De lo contrario, no quedará más remedio que imponer sanciones a Israel, de índole similar a las que está recibiendo actualmente Rusia.

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