Archivo de la categoría: Sociedad e ideas

La barbarie de la impersonalidad en el lenguaje científico (II)

Decía yo que en la segunda entrada de este asunto aportaría más traducciones y más razones. No pretendo caer en argumenta ad verecundiam con estas citas. Mi intención es simplemente mostrar la realidad actual en el debate entre la voz activa en primera persona y la voz pasiva impersonal. Y, porque muchas veces en la vida hay que tomar partido, hacer un alegato a favor del uso predominante de la activa. Dicho de otro modo: me incluyo en el consenso actual.

La voz activa en primera persona es preferible a la voz pasiva impersonal. – Behavioural Ecology

Aunque el uso del sintagma “el/los autor/es” es aceptable, instamos a los autores a usar pronombres en primera persona, para evitar un estilo de escritura incómodo o forzado. – Journal of Trauma and Dissociation

Escriba en un estilo claro, directo y activo. BMJ es una revista internacional y muchos lectores no tienen el inglés como su primera lengua. – British Medical Journal

Un lenguaje claro y conciso es altamente deseable en la comunicación científica y concistente con una buena instrucción. – Opthalmology

Mayoritariamente, los científicos usan la voz pasiva por mero hábito o para parecer más académicos, objetivos o sofisticados. Pero no siempre han escrito en voz pasiva. La primera persona empezó a desaparecer del lenguaje científico en Estados Unidos en los años veinte, cuando se reemplazó la voz activa por el estilo inflexible, impersonal y frecuentemente aburrido que predomina hoy. – Randy Moore

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Portada de British Medical Journal.

¿Y cuáles son las ventajas de volver al uso de la voz activa? ¿Qué nos ha hecho emerger de ese sinsentido imperante en el siglo XX?
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La barbarie de la impersonalidad en el lenguaje científico (I)

En los últimos meses he tenido que escribir mucho. Como resulta evidente, no para este blog. Informes, artículos, una estancia en una empresa y trabajos para terminar mi máster han ocupado buena parte de mi tiempo. Esto último, el Trabajo Fin de Máster (y su normativa), es lo que me ha dado la motivación para escribir una entrada sobre la primera persona en la comunicación científica. Una entrada de denuncia y crítica inmisericorde, por supuesto. Hablar bien de los profesores está socialmente mal visto; únicamente lo hago en la intimidad.

El Trabajo Fin de Máster es, como cualquier original research paper que enviamos a una revista para su revisión y ulterior publicación, un trabajo de investigación. Un trabajo con su aplicación del método científico: sus hipótesis, su planificación de experimentos, su obtención de resultados y la discusión de los mismos. Un trabajo que desemboca en un documento científico con su introducción, su descripción del método experimental, su exposición y discusión de resultados, sus conclusiones y sus referencias bibliográficas. Lo típico.

Es pertinente que insista en que es un trabajo de investigación y no un documento técnico. Pues bien, entre las rígidas normas a las que debe ajustarse el texto, encontramos esta regla de estilo:

El trabajo debe ser redactado en pasiva refleja y nunca en primera persona, ni del singular ni del plural (por ejemplo, se realiza, se aprecia, se midió, se obtuvo, etc.).

SIC. En 2015. Estoy hablando de una asignatura de un máster nuevo, iniciado en el curso 2013-2014, por lo que la disidia a la hora de actualizar las normativas no es excusa.

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Una dieta ambientalmente sostenible

En los años 80, Keys y colaboradores calificaron como mediterránea una dieta basada en los productos de origen vegetal, como los cereales, los tubérculos y las frutas frescas. Esta dieta no abusa de carnes, de lácteos ni de huevos, y, en general, no consiste en comidas copiosas.

Plato típico árabe-mediterráneo en un bar marroquí, basado en humus y yogur. Fotografía de Alpha.

La (al menos en su momento) lúcida aportación de Keys et al. pertenece más al terreno ideal que al descriptivo, pero tiene todo mi reconocimiento y agrado aun a día de hoy. Pongamos que partimos de una dieta típica de Estados Unidos, más concretamente del interior del país, abundante en carne roja, en carne blanca, en huevos, en productos lácteos. Esta dieta implica una dosis de proteínas y de vitamina B12 muy superior a la que necesitamos, y… ¿para qué? ¿Para gastar recursos innecesarios y para descomponer esas proteínas hasta compuestos nitrogenados más simples, mediante una serie de reacciones metabólicas que bien nos podríamos ahorrar? Y, además, es una dieta rica en grasas animales, pobre en proteínas vegetales y susceptible de hacer aumentar el colesterol.

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Muchos coches en el Día sin Coches

Aún hoy lo sabe poca gente, pero ayer, 22 de septiembre, fue el Día Mundial sin Automóvil. Una iniciativa que data del año 2000, comenzando a nivel europeo y extendiéndose a nivel mundial. Los británicos lo llevaban celebrando desde 1997. Actualmente y en la UE, este día está enmarcado en la Semana Europea de la Movilidad, dedicada al fomento de modos alternativos de desplazamiento en más de 1.500 ciudades europeas. Al final, en la mayoría de ciudades españolas, dicho fomento se reduce a un par de actividades sin mucha trascendencia. Mejor pinta tiene esta medida de Lillestrøm (Noruega), dando algo de dinero a peatones y a ciclistas en compensación por el dinero que ahorran al Estado.

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El Día sin Coches no fue muy secundado precisamente. ¡Oh! ¿Quién podía habérselo imaginado?

Evidentemente, plantear una iniciativa de día sin coches no ayuda per se. No ayuda si…

  1. la población apenas ha sido informada de que tal día existe;
  2. los usuarios de automóvil no tienen alternativas viables para sus desplazamientos;
  3. muchas personas no son verdaderamente conscientes del impacto ambiental del tráfico rodado.
  4. los usuarios carecen de motivación por tener necesidades más acuciantes y urgentes, como no perder un puesto de trabajo por escasamente remunerado que esté.

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Investigación, ¿quién la necesita?

A nadie sorprendería si dijera que la investigación en España lleva cuatro años en retroceso; que los recortes en I+D son de una gran magnitud, siendo p. ej. del 25% de 2011 a 2012; que cada vez más científicos de destacable trayectoria denuncian la falta de medios y el exceso de plazos burocráticos, u optan por irse; que muchas empresas privadas (no todas), a la hora de eliminar o reducir gastos, suelen mirar en primer lugar hacia sus departamentos de investigación y desarrollo.

La investigación, ese gasto opcional y secundario.

researchers-biologists-working-in-the-fieldBiólogos investigando en campo, Hornbaker Chelsi, U.S. Fish and Wildlife Service.

 

Pero vivimos en un mercado en el que la oferta supera a la demanda. Apenas hay demanda insatisfecha de un producto tradicional. Todo lo contrario ocurría en tiempos pasados, desde el siglo XVIII hasta bien entrado el XX, cuando casi cualquiera podía trabajar en condiciones cuestionables y prácticamente cualquiera con capital podía encontrar compradores. Los tiempos han cambiado y ya no son válidos los mismos modelos productivos que antaño. La minimización de costes no puede ser lo único que lleve a una empresa a triunfar, como sigue asumiéndose en muchos sectores. Innovar con productos refrescantes y antes impensables es esencial en el mundo actual. Eso lo saben en cualquier empresa con éxito en el sector tecnológico, agroalimentario, cosmético, farmacéutico, etc.
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Hacia una cultura de la sostenibilidad

Imagen destacada de esta entrada: Andrés Nieto Porras.

Una cultura es un cierto conjunto de hábitos, ideas, conceptos, técnicas, juicios estéticos y morales, modos de comunicación y pautas de comportamiento característicos de una sociedad o comunidad de personas.

La herencia cultural es uno de los principales rasgos que separan al ser humano de sus compañeros en el reino animal. El hecho de que haya sido y sea fundamental para la supervivencia, la multiplicación y la satisfacción de nuestra especie es concomitante con la falta de flexibilidad que, en menor o mayor medida, tiene toda cultura. Si es incluso un asunto de supervivencia, no puede ser tan fácil de cambiar.

La cultura tiene un lado bueno y un lado malo. Por un lado, es consecuencia de los aciertos y errores que se han acumulado durante miles de años por todos los que nos preceden en la sociedad. Tanto tiempo abarca esa experiencia, que la razón de una sola persona que viva en el mundo actual no puede juzgar la herencia cultural de una forma absolutamente certera.

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Gaza: una zona ni sostenida ni sostenible

Hace un par de días, parecía que los bombardeos involucrados en la operación Margen Protector (o Filo Protector, según el traductor) habían finalizado. Recientemente, las Fuerzas de Defensa de Israel han emprendido una lenta ofensiva terrestre. Por desgracia, esto no tiene pinta de terminar aún.

De momento, hay más de 200 palestinos muertos, más de 1500 heridos y 300000 personas sin acceso a agua limpia.

Los defensores de la postura israelí, comenzando por las propias Fuerzas de Defensa y sus líderes políticos, sostienen que los daños colaterales se deben al uso de inocentes (incluyendo muchos niños) como escudos humanos por parte de los terroristas. Aun así, ¿desplaza eso la culpa completamente a Hamás? Que un contendiente se despreocupe de su propia población civil… ¿implica que el otro contendiente pueda abrir fuego justificadamente allá donde muy probablemente haya civiles? No, desde luego. Es, de hecho, una excusa pueril. El IV Convenio de Ginebra establecía obligaciones para con los civiles de ambos bandos, y por parte de ambos bandos.

Claro que los terroristas de Hamás hacen uso de escudos humanos, voluntarios o no. Y también es cierto que muchos cohetes son lanzados desde posiciones civiles. Pero el argumento que presentan los defensores de los ataques contra objetivos civiles es todo un non sequitur. La premisa es correcta, pero de ella no se sigue como conclusión que atacar objetivos civiles esté justificado. Las Fuerzas de Defensa de Israel aseguran que sus operaciones buscan minimizar el daño a civiles… ¿cómo? ¿Cómo se compatibiliza eso con atacar edificios de uso exclusivamente civil, tales como edificios de viviendas, por mucha precisión de la que presuman?

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