Archivo de la categoría: Sociedad e ideas

Muchos coches en el Día sin Coches

Aún hoy lo sabe poca gente, pero ayer, 22 de septiembre, fue el Día Mundial sin Automóvil. Una iniciativa que data del año 2000, comenzando a nivel europeo y extendiéndose a nivel mundial. Los británicos lo llevaban celebrando desde 1997. Actualmente y en la UE, este día está enmarcado en la Semana Europea de la Movilidad, dedicada al fomento de modos alternativos de desplazamiento en más de 1.500 ciudades europeas. Al final, en la mayoría de ciudades españolas, dicho fomento se reduce a un par de actividades sin mucha trascendencia. Mejor pinta tiene esta medida de Lillestrøm (Noruega), dando algo de dinero a peatones y a ciclistas en compensación por el dinero que ahorran al Estado.

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El Día sin Coches no fue muy secundado precisamente. ¡Oh! ¿Quién podía habérselo imaginado?

Evidentemente, plantear una iniciativa de día sin coches no ayuda per se. No ayuda si…

  1. la población apenas ha sido informada de que tal día existe;
  2. los usuarios de automóvil no tienen alternativas viables para sus desplazamientos;
  3. muchas personas no son verdaderamente conscientes del impacto ambiental del tráfico rodado.
  4. los usuarios carecen de motivación por tener necesidades más acuciantes y urgentes, como no perder un puesto de trabajo por escasamente remunerado que esté.

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Investigación, ¿quién la necesita?

A nadie sorprendería si dijera que la investigación en España lleva cuatro años en retroceso; que los recortes en I+D son de una gran magnitud, siendo p. ej. del 25% de 2011 a 2012; que cada vez más científicos de destacable trayectoria denuncian la falta de medios y el exceso de plazos burocráticos, u optan por irse; que muchas empresas privadas (no todas), a la hora de eliminar o reducir gastos, suelen mirar en primer lugar hacia sus departamentos de investigación y desarrollo.

La investigación, ese gasto opcional y secundario.

researchers-biologists-working-in-the-fieldBiólogos investigando en campo, Hornbaker Chelsi, U.S. Fish and Wildlife Service.

 

Pero vivimos en un mercado en el que la oferta supera a la demanda. Apenas hay demanda insatisfecha de un producto tradicional. Todo lo contrario ocurría en tiempos pasados, desde el siglo XVIII hasta bien entrado el XX, cuando casi cualquiera podía trabajar en condiciones cuestionables y prácticamente cualquiera con capital podía encontrar compradores. Los tiempos han cambiado y ya no son válidos los mismos modelos productivos que antaño. La minimización de costes no puede ser lo único que lleve a una empresa a triunfar, como sigue asumiéndose en muchos sectores. Innovar con productos refrescantes y antes impensables es esencial en el mundo actual. Eso lo saben en cualquier empresa con éxito en el sector tecnológico, agroalimentario, cosmético, farmacéutico, etc.
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Hacia una cultura de la sostenibilidad

Imagen destacada de esta entrada: Andrés Nieto Porras.

Una cultura es un cierto conjunto de hábitos, ideas, conceptos, técnicas, juicios estéticos y morales, modos de comunicación y pautas de comportamiento característicos de una sociedad o comunidad de personas.

La herencia cultural es uno de los principales rasgos que separan al ser humano de sus compañeros en el reino animal. El hecho de que haya sido y sea fundamental para la supervivencia, la multiplicación y la satisfacción de nuestra especie es concomitante con la falta de flexibilidad que, en menor o mayor medida, tiene toda cultura. Si es incluso un asunto de supervivencia, no puede ser tan fácil de cambiar.

La cultura tiene un lado bueno y un lado malo. Por un lado, es consecuencia de los aciertos y errores que se han acumulado durante miles de años por todos los que nos preceden en la sociedad. Tanto tiempo abarca esa experiencia, que la razón de una sola persona que viva en el mundo actual no puede juzgar la herencia cultural de una forma absolutamente certera.

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Gaza: una zona ni sostenida ni sostenible

Hace un par de días, parecía que los bombardeos involucrados en la operación Margen Protector (o Filo Protector, según el traductor) habían finalizado. Recientemente, las Fuerzas de Defensa de Israel han emprendido una lenta ofensiva terrestre. Por desgracia, esto no tiene pinta de terminar aún.

De momento, hay más de 200 palestinos muertos, más de 1500 heridos y 300000 personas sin acceso a agua limpia.

Los defensores de la postura israelí, comenzando por las propias Fuerzas de Defensa y sus líderes políticos, sostienen que los daños colaterales se deben al uso de inocentes (incluyendo muchos niños) como escudos humanos por parte de los terroristas. Aun así, ¿desplaza eso la culpa completamente a Hamás? Que un contendiente se despreocupe de su propia población civil… ¿implica que el otro contendiente pueda abrir fuego justificadamente allá donde muy probablemente haya civiles? No, desde luego. Es, de hecho, una excusa pueril. El IV Convenio de Ginebra establecía obligaciones para con los civiles de ambos bandos, y por parte de ambos bandos.

Claro que los terroristas de Hamás hacen uso de escudos humanos, voluntarios o no. Y también es cierto que muchos cohetes son lanzados desde posiciones civiles. Pero el argumento que presentan los defensores de los ataques contra objetivos civiles es todo un non sequitur. La premisa es correcta, pero de ella no se sigue como conclusión que atacar objetivos civiles esté justificado. Las Fuerzas de Defensa de Israel aseguran que sus operaciones buscan minimizar el daño a civiles… ¿cómo? ¿Cómo se compatibiliza eso con atacar edificios de uso exclusivamente civil, tales como edificios de viviendas, por mucha precisión de la que presuman?

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El film de «plástico biodegradable» no es la solución

Hace dos semanas, asistí a un curso en Coímbra (Portugal) sobre caracterización de partículas y flujo multifásico. Si bien dicho tema tiene evidentes aplicaciones medioambientales (separación de partículas, p. ej.), quería tratar aquí otro tema: el hecho de que, en el supermercado, te empaqueten sistemáticamente cada artículo (excepto si son artículos pequeños) en una bolsa de plástico biodegradable. A veces, que sea biodegradable no quiere decir que sea maravilloso.

En efecto, el residuo que resulta del abandono de la bolsa no persiste en el medio ambiente durante tanto tiempo como una bolsa de polietileno de alta densidad (convencional). Pero, por otro lado, estas bolsas se utilizan para un solo uso.

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La clave no está tanto en la biodegradabilidad del residuo abandonado, como en la minimización de ese abandono. Se contamina el medio ambiente desde la propia extracción de materias primas y, en el caso de las bolsas biodegradables de un solo uso, esta contaminación no es poca cosa.

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La transición a un sistema sostenible

El uso del adjetivo sostenible adquiere uno u otro significado según el contexto. Habitualmente, se refiere al aspecto ecológico, esto es: un equilibrio entre la tasa de utilización de recursos no renovables y tasa de generación de residuos y emisiones contaminantes. Otras veces, empleamos este término para referirnos a un conjunto de políticas económicas -por antonomasia, las políticas sociales o de bienestar. Por ejemplo, es común hablar de la sostenibilidad o insostenibilidad del Estado del Bienestar.

Pero, cuando hablamos de la sociedad sostenible, nos referimos a una sociedad que es sostenible en todos los aspectos posibles.

En el aspecto ecológico, cumple las reglas de Daly.reglas daly

En el aspecto social, cultural y axiológico (valores), sostenible es una sociedad pacífica e ilustrada que, sin la amenaza de caer en la conflictividad y el enfrentamiento, tampoco cae en el estancamiento. En un mundo en el que nada hay más real que el cambio, nada hay más insostenible que el estancamiento.

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