Muchos coches en el Día sin Coches

Aún hoy lo sabe poca gente, pero ayer, 22 de septiembre, fue el Día Mundial sin Automóvil. Una iniciativa que data del año 2000, comenzando a nivel europeo y extendiéndose a nivel mundial. Los británicos lo llevaban celebrando desde 1997. Actualmente y en la UE, este día está enmarcado en la Semana Europea de la Movilidad, dedicada al fomento de modos alternativos de desplazamiento en más de 1.500 ciudades europeas. Al final, en la mayoría de ciudades españolas, dicho fomento se reduce a un par de actividades sin mucha trascendencia. Mejor pinta tiene esta medida de Lillestrøm (Noruega), dando algo de dinero a peatones y a ciclistas en compensación por el dinero que ahorran al Estado.

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El Día sin Coches no fue muy secundado precisamente. ¡Oh! ¿Quién podía habérselo imaginado?

Evidentemente, plantear una iniciativa de día sin coches no ayuda per se. No ayuda si…

  1. la población apenas ha sido informada de que tal día existe;
  2. los usuarios de automóvil no tienen alternativas viables para sus desplazamientos;
  3. muchas personas no son verdaderamente conscientes del impacto ambiental del tráfico rodado.
  4. los usuarios carecen de motivación por tener necesidades más acuciantes y urgentes, como no perder un puesto de trabajo por escasamente remunerado que esté.

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La encrucijada nuclear

El referéndum celebrado en Escocia el pasado jueves fue todo un ejemplo de participación electoral: más del 85%. Ojalá otras consultas lleguen a ser consideradas igual de importantes. El hecho de que resultara ganadora la opción unionista ahorró quebraderos de cabeza a Londres, pero eso no significa que los dilemas hayan desaparecido. Al fin y al cabo, el gobierno de Cameron, ante la persuasión independentista de Salmond (que dimite), había prometido más poderes y competencias para el parlamento de Escocia. Y para Gales, para Irlanda del Norte y para Inglaterra, claro. En definitiva, parece claro que se va a plantear y negociar el viraje del Reino Unido hacia un modelo más… federal.

Me gustaría hablar aquí de una de las disensiones más curiosas entre el gobierno británico central y el SNP (Scotland National Party), en el gobierno de Escocia. Mientras que el gobierno central apuesta firmemente por la energía nuclear, los dirigentes escoceses son detractores de la misma, no aprueban la instalación de nuevos reactores y son partidarios de avanzar hacia una Escocia nuclear-free. Ello en un país, Escocia, cuyo consumo eléctrico viene suministrado por dos centrales nucleares de Big Six en nada menos que un 46%.

Central nuclear en el suroeste de Escocia, Chapelcross.

En una Europa que, siempre con la excepción de la muy nuclear Francia y alguna otra, parece negada a la ampliación de la energía nuclear (Alemania, p. ej.), el gobierno de Cameron fue el responsable de un acuerdo con EDF para construir la primera central nuclear en… ¡nada menos que 20 años! En palabras de David Cameron:

…[P]roveerá miles de trabajos y proveerá un suministro de electricidad seguro y duradero durante mucho, mucho tiempo.

(La traducción es mía.)
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Investigación, ¿quién la necesita?

A nadie sorprendería si dijera que la investigación en España lleva cuatro años en retroceso; que los recortes en I+D son de una gran magnitud, siendo p. ej. del 25% de 2011 a 2012; que cada vez más científicos de destacable trayectoria denuncian la falta de medios y el exceso de plazos burocráticos, u optan por irse; que muchas empresas privadas (no todas), a la hora de eliminar o reducir gastos, suelen mirar en primer lugar hacia sus departamentos de investigación y desarrollo.

La investigación, ese gasto opcional y secundario.

researchers-biologists-working-in-the-fieldBiólogos investigando en campo, Hornbaker Chelsi, U.S. Fish and Wildlife Service.

 

Pero vivimos en un mercado en el que la oferta supera a la demanda. Apenas hay demanda insatisfecha de un producto tradicional. Todo lo contrario ocurría en tiempos pasados, desde el siglo XVIII hasta bien entrado el XX, cuando casi cualquiera podía trabajar en condiciones cuestionables y prácticamente cualquiera con capital podía encontrar compradores. Los tiempos han cambiado y ya no son válidos los mismos modelos productivos que antaño. La minimización de costes no puede ser lo único que lleve a una empresa a triunfar, como sigue asumiéndose en muchos sectores. Innovar con productos refrescantes y antes impensables es esencial en el mundo actual. Eso lo saben en cualquier empresa con éxito en el sector tecnológico, agroalimentario, cosmético, farmacéutico, etc.
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