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Investigación, ¿quién la necesita?

A nadie sorprendería si dijera que la investigación en España lleva cuatro años en retroceso; que los recortes en I+D son de una gran magnitud, siendo p. ej. del 25% de 2011 a 2012; que cada vez más científicos de destacable trayectoria denuncian la falta de medios y el exceso de plazos burocráticos, u optan por irse; que muchas empresas privadas (no todas), a la hora de eliminar o reducir gastos, suelen mirar en primer lugar hacia sus departamentos de investigación y desarrollo.

La investigación, ese gasto opcional y secundario.

researchers-biologists-working-in-the-fieldBiólogos investigando en campo, Hornbaker Chelsi, U.S. Fish and Wildlife Service.

 

Pero vivimos en un mercado en el que la oferta supera a la demanda. Apenas hay demanda insatisfecha de un producto tradicional. Todo lo contrario ocurría en tiempos pasados, desde el siglo XVIII hasta bien entrado el XX, cuando casi cualquiera podía trabajar en condiciones cuestionables y prácticamente cualquiera con capital podía encontrar compradores. Los tiempos han cambiado y ya no son válidos los mismos modelos productivos que antaño. La minimización de costes no puede ser lo único que lleve a una empresa a triunfar, como sigue asumiéndose en muchos sectores. Innovar con productos refrescantes y antes impensables es esencial en el mundo actual. Eso lo saben en cualquier empresa con éxito en el sector tecnológico, agroalimentario, cosmético, farmacéutico, etc.
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La guerra contra los óxidos de nitrógeno

Mi primera entrada en el blog, Ciudades sin cielo, estuvo dedicada al smog fotoquímico, una consecuencia de interacciones entre distintos compuestos gaseosos. Entre esos compuestos, ocupan un lugar importante los óxidos de nitrógeno (NOx), destacando especialmente la molécula de NO, seguida por NO2. El N2O, conocido coloquialmente como “gas de la risa“, es producido de forma natural por microorganismos, aunque también por algunas de nuestras actividades. Su potencial de efecto invernadero no da tanta risa.

Las grandes aglomeraciones urbanas del este de China tienen altas concentraciones de NO2 sobre ellas. Fuente: Giorgiogp2, Wikipedia.

Pero el smog no es lo único a lo que contribuyen los óxidos de nitrógeno.

  • Tienen un gran potencial de efecto invernadero, es decir, contribuyen al cambio climático.
  • Dan lugar a aerosoles ácidos.
  • Junto con los óxidos de azufre, son causantes de la lluvia ácida.
  • Al absorberse en agua, deterioran su calidad.
  • Concentraciones superiores a 100 g de NO/m3 son perjudiciales para la salud y el crecimiento de las plantas, y el nivel crítico de exposición durante 24 horas para humanos es de 75 g/m3. Bueno, no se puede decir que sea un compuesto muy tóxico, pero sí participa en reacciones en las que se producen sustancias más malignas.

Expuestas todas estas felonías perpetradas por estos contaminantes, parece sensato minimizar la concentración que de ellos hay en nuestra atmósfera por causa antropogénica (es decir, emitidos por nosotros). Los emitimos, fundamentalmente, desde nuestros vehículos a motor, salvo que sean eléctricos; desde centrales térmicas para producir electricidad, funcionen con fuelóleo, con carbón, con GLP, con gas natural o con cualquier otro combustible; desde hornos de vidrio, cerámicos, siderúrgicos; desde plantas de producción de ácido nítrico, de ácido adípico, de amoníaco…

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Hacia una cultura de la sostenibilidad

Imagen destacada de esta entrada: Andrés Nieto Porras.

Una cultura es un cierto conjunto de hábitos, ideas, conceptos, técnicas, juicios estéticos y morales, modos de comunicación y pautas de comportamiento característicos de una sociedad o comunidad de personas.

La herencia cultural es uno de los principales rasgos que separan al ser humano de sus compañeros en el reino animal. El hecho de que haya sido y sea fundamental para la supervivencia, la multiplicación y la satisfacción de nuestra especie es concomitante con la falta de flexibilidad que, en menor o mayor medida, tiene toda cultura. Si es incluso un asunto de supervivencia, no puede ser tan fácil de cambiar.

La cultura tiene un lado bueno y un lado malo. Por un lado, es consecuencia de los aciertos y errores que se han acumulado durante miles de años por todos los que nos preceden en la sociedad. Tanto tiempo abarca esa experiencia, que la razón de una sola persona que viva en el mundo actual no puede juzgar la herencia cultural de una forma absolutamente certera.

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La biomasa vegetal como sustituto del petróleo

Si pregunto por las sustancias más abundantes en la corteza de este planeta, seguramente me responderán con una serie de nombres de compuestos inorgánicos: dióxido de silicio, óxidos de hierro y de aluminio, agua, cloruro de sodio, óxidos y sales de calcio…

Los compuestos inorgánicos tienen aplicaciones esenciales para nuestra vida; qué duda cabe. No podríamos vivir sin agua o sin iones fundamentales como el ion sodio y el ion potasio. Y, además de nuestras necesidades fisiológicas, el mundo actual no sería lo mismo sin el amoniaco o sin el ácido sulfúrico, compuestos de producción masiva, fundamentales en el desarrollo técnico, económico y demográfico en la Edad Contemporánea. Son inorgánicos el vidrio, el cemento, el yeso, el acero y otros de los materiales más comúnmente utilizados.

Evidentemente, los compuestos inorgánicos no valen para todo. No conozco ningún ser vivo que pueda alimentarse exclusivamente de sales minerales. He oído hablar de microorganismos anaerobios que no necesitan O2 (bacterias metanogénicas, por ejemplo), pero no he tenido el placer de conocer a alguno que pueda vivir sin una fuente de carbono. Y estoy hablando de los compuestos orgánicos.

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La transición a un sistema sostenible

El uso del adjetivo sostenible adquiere uno u otro significado según el contexto. Habitualmente, se refiere al aspecto ecológico, esto es: un equilibrio entre la tasa de utilización de recursos no renovables y tasa de generación de residuos y emisiones contaminantes. Otras veces, empleamos este término para referirnos a un conjunto de políticas económicas -por antonomasia, las políticas sociales o de bienestar. Por ejemplo, es común hablar de la sostenibilidad o insostenibilidad del Estado del Bienestar.

Pero, cuando hablamos de la sociedad sostenible, nos referimos a una sociedad que es sostenible en todos los aspectos posibles.

En el aspecto ecológico, cumple las reglas de Daly.reglas daly

En el aspecto social, cultural y axiológico (valores), sostenible es una sociedad pacífica e ilustrada que, sin la amenaza de caer en la conflictividad y el enfrentamiento, tampoco cae en el estancamiento. En un mundo en el que nada hay más real que el cambio, nada hay más insostenible que el estancamiento.

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Las empresas más “verdes”

A la hora de abordar la transición hacia la sociedad sostenible del futuro, el papel de las grandes empresas es fundamental. Productores y consumidores, gobiernos de todo el mundo y, en definitiva, todos y cada uno de nosotros, tenemos algo que decir y que aportar. La revolución sostenible implica a todos.

Interbrand evalúa, entre otras cosas, los esfuerzos que las empresas destinan a mejorar su rendimiento ambiental (environmental performance). Hacer este tipo de clasificaciones es una idea excelente para que las empresas más “verdes” reciban crédito y reconocimiento por su contribución. Además, siempre es bueno ayudar a divulgar los logros ambientales de cualquier productor, de cualquier municipio o de cualquier nación.

 

ImagenToyota, el fabricante más verde. Fotografía: StaraBlazkova.

 

Las 15 primeras clasificadas son:

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Las naciones más “verdes”

Imagen destacada: fotografía de Andrew Bossi

La producción de energía y la manufactura de bienes en los países industrializados emiten ciertas sustancias a tasas superiores a su tasa de asimilación natural, y hacen uso de ciertos recursos indispensables, principalmente el agua dulce, a tasas superiores a las de su regeneración.

Para entender la responsabilidad que esto implica, dividamos el mundo en cuatro grupos de países.

El primer grupo es el de los países desarrollados: Alemania, Suecia, Francia, Estados Unidos, Eslovenia, Croacia, España, Chile, Emiratos Árabes Unidos, Noruega, Polonia, Reino Unido, Luxemburgo, Singapur, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda, etc. Las emisiones netas de gases de efecto invernadero por parte de estos países está estabilizada, con ciertas fluctuaciones. En estos países, el cierre de empresas y el decrecimiento demográfico se traduce en reducciones de huella de carbono (caso de España, por ejemplo: 10,1 t CO2 a 8,5 t CO2 per cápita de 2007 a 2010). Las emisiones de contaminantes no-CO2 a la atmósfera, como óxidos de nitrógeno, tiende a reducirse en los países desarrollados. En cuanto a los residuos sólidos, cada vez se recicla y se valoriza más, optando por el abandono en vertedero como último recurso.

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