Química, agua y comida

El jueves pasado, 15 de septiembre, concluyó el sexto congreso de química EuCheMS, que había comenzado el domingo 11. He disfrutado muchísimo, a pesar de la falta de vino en las comidas e incluso a pesar de la falta de comida en las comidas (desde aquí, agradezco su labor a las empresas del cáterin con el bonito gesto de no mencionar sus nombres). Pero eso no es lo que ha suscitado el título de esa entrada.

¡Y conseguí que Jean Marie Lehm me firmara un autógrafo! También conseguí saber qué cosas había hecho Jean Marie Lehm.

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Primera plenary lecture: Richard Schrock sobre su catalizador «mágico» para reacciones de metátesis de alquenos.

Richard Schrock (Premio Nobel de Química, 2005) es todo un genio de la química orgánica y de los complejos usados en ella como catalizadores; no cabe duda de eso. Pero su ponencia en el mismísimo día de la inauguración no tuvo un enfoque acertado. No fue adecuado frente a miles de personas que tenemos un conocimiento sobre química de complejos similar al conocimiento que tiene Ana Botella sobre… bueno, similar al conocimiento que tiene Ana Botella.

Un planteamiento más divulgativo habría logrado llegar a aquellas personas que no saben mucho sobre metátesis olefínica, coordinación de complejos o polímeros sindiotácticos.

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Ponencia de Avelino Corma (Premio Príncipe de Asturias) sobre algunos de los múltiples temas que su investigación abarca.

 

Íntima, personal y subjetivamente, quedarán en mi memoria dos charlas.

 

Agua

La primera fue una comunicación paralela de Hessy (Levinsons) Taft sobre la conservación de las aguas naturales, la necesidad de reutilización de las aguas residuales (industriales y domésticas) y el riesgo que corre la humanidad por la situación actual del sistema hidrológico. Glaciares que retroceden, ríos contaminados, suelos dañados, corrientes freáticas en peligro, aumento de la temperatura en los océanos…

Sí, Hessy Levinsons fue aquel bebé judío que fue seleccionado para la propaganda nazi. Eso fue una combinación de la broma mordaz de un fotógrafo con la competencia desleal que siempre ejercen los racistas hacia quienes se dedican profesionalmente a la sátira. Pero es lo de menos en este caso. Lo que yo vi fue una enérgica advertencia de la mala situación de las aguas en el planeta Tierra. Comunicada por una mujer de 82 años que, con la fragilidad que cabe esperar a su edad, hizo de su breve oportunidad un mensaje bien estructurado y planteado de forma divulgativa. La profesora Taft mezcló la sinceridad de un activista con el rigor de un científico. En un gesto que acaso fuera descortés con el siguiente ponente, me desplacé para felicitarla por su comunicación y saludé a su marido, el profesor Earl Taft.

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Aguas residuales en una estación depuradora.

He de indicar que me encantaría trabajar en un proyecto relacionado con la minimización del consumo de agua en una industria. La industria del papel, mi especialidad, utiliza más agua para producir una tonelada de producto que cualquier otra industria.

Escribí un artículo didáctico sobre cómo pueden aplicarse las técnicas de Water Pinch (resulta increíble e imperdonable que el libro de Mann y Liu, todo un referente, no haya sido reeditado ni traducido al español) a una planta de blanqueo, pero sigo sin noticias de la revista. De todas formas, no descubría nada nuevo: mediante la reutilización y un diseño inteligente, la cantidad de agua empleada para blanquear una tonelada de pasta ha pasado de 100.000 litros a, en el caso concreto de la fábrica de papel de International Paper en Franklin, 11.400 litros.

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Este es un diagrama de tramas que diseñé para un proceso de blanqueo de cinco etapas. Un paso fundamental en la metodología. Sí, la corriente saliente tiene mayor caudal que la entrante y no hay fallo alguno ahí: la pasta sale con mayor consistencia, es decir, cede agua.

 

Comida

La segunda fue la sesión topic plenary de Elke Anklam, de la Comisión Europea, sobre Química en la comida (miércoles 14). La doctora Anklam dirige el Instituto de Materiales y Medidas de Referencia (Geels, Bélgica). Trató el tema de las regulaciones de seguridad alimentaria en la UE: cómo garantizan que los consumidores no ingiramos sustancias nocivas para la salud. Todo lo que se vende legalmente en el supermercado es sano. Lo perjudicial puede ser la dieta que nosotros confeccionemos, ya que, como Anklam decía, una dieta insana puede consistir enteramente en una mala combinación de alimentos absolutamente sanos.

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Así, cada vez que veas un producto, normalmente más caro que sus homólogos, presumiendo de su carácter “orgánico”, “ECO”, “BIO” o “100% libre de pesticidas”, que no te engañen. Sí, puede haber razones legítimas para optar por esos alimentos (yo mismo sostengo que las hay), pero la salud del consumidor no es una de ellas.

 

Del mismo modo, todo lo que se vende legalmente en el supermercado tiene un impacto ambiental bajo… excluyendo la consideración de la huella de carbono, claro. La situación actual, en la que casi cualquiera quiere comer carne u otros alimentos de origen animal día tras día, tanto en el almuerzo como en la cena, es insostenible. Una dieta sostenible debe basarse en alimentos de origen vegetal, aunque un consumo moderado de carne, lácteos, huevos y pescado puede admitirse. Anklam mencionaba los insectos como una fuente de proteína animal desaprovechada en el presente, pero es improbable que la huella de carbono de una granja de insectos sea mucho menor.

 

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Elke Anklam.

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